EL HAMMAM: El HEDONISMO ROTO DEL EGO
ÁRABE-MUSULMÁN
Me acuerdo, todavía, mi primer descubrimiento al sexo de la mujer, ha sido en el Hammam, llamado incorrectamente baño turco. Tenía seis años cuando la cajera del Hammam de nuestro barrio, quien era una mujer mayor con una cara austera y una mirada penetrante que no deja a nadie escaparse sin pagar ni tampoco llevar dentro del hammam más de dos cubos por cabeza. Aquellos ojos no sólo controlaban las entradas y salidas de la gente sino también podían valorar o medir las edades de los niños mayores de siete años, edad limite que permite al niño acompañar a su madre al Hammam de las mujeres, porque a partir de esta edad los niños varones ya dejan de entrar con sus madres porque ya se consideran hombres que violan la intimidad y el pudor de la mujer y por tanto, el honor de los otros hombres sean maridos, hermanos o padres.