LA CLASE OBRERA HOY: RETOS E INQUIETUDES. Por Marcelo Sánchez-Oro Sánchez.

Un artículo de 2004.

LA CLASE OBRERA HOY: RETOS E INQUIETUDES.

La clase obrera, bajo la denominación de clases trabajadoras, mantiene su vigencia en cuanto a grupo social diferenciado, no hegemónico, pero sí mayoritario. Su existencia hoy, como ayer está asociado a la propuesta teórica y práctica de un modelo alternativo de sociedad. El elemento esencial de esta vigencia es la idea del conflicto de clase, centrado en la permanente disputa del poder al capital tanto en el ámbito de la empresa como en la vida social y política, en un intento permanente de realizar su “alternativa” al sistema capitalista. La clase obrera, por tanto, todavía hoy está inevitablemente asociada a las ideas de lucha, transformación, utopía, solidaridad, si se quiere de izquierda. ¿Alguien puede hablar de la clase trabajadora sin pensar que realmente está hablando de lo contrario de capitalismo, beneficio, explotación, insolidaridad, lucro, hedonismo, etc.?.
La clase obrera existe (Díaz-Salazar 1990:17, 309:312), la constituyen los/as trabajadores/as, que son los activos ocupados que venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Esta concepción amplia, es la que tiene hoy más aceptación entre los sociólogos, aquí los obreros quedan incluidos en la Clase Trabajadora o Clases Trabajadoras, en plural. El 80% de la población española es, desde esta acepción, clase trabajadora. De estos el 18,4% son grupos intermedios(Cuello Blanco) (funcionarios, técnicos, profesionales, fuerzas armadas) y el 61.8% son clase obrera (Cuello Azul): empleados, operarios manuales agrícolas y de la industria, etc. El 20 % restante pertenece a la burguesía (2%) o pequeña burguesía (18%) (Lacalle, D.1995) .


La clase obrera no es sólo una realidad numérica, es además una realidad social y política incontestable y su existencia viene establecida por tres aspectos: la base de esta clase es el sector mayoritario del conjunto de la población activa ocupada, esta mayoría de trabajadores percibe que tiene una comunidad de intereses bastante distinta a la de los capitalistas (Díaz-Salazar. 1990:174) y, por último, son la base social que sustentan los partidos políticos de izquierda y a los sindicatos de clase: CC.OO., UGT, CNT, CGT, USO, CIG, STV, SOC. etc.
Es cierto que las nuevas ocupaciones diversifican y fragmentan a la clase trabajadora: el gran cambio de las últimas décadas es el referido a la pérdida de homogeneidad de la clase obrera. Esto dificulta o hace más difícil la solidaridad de clase (también la conciencia de clase): las distintas ocupaciones y empleo, con sus diferentes niveles de ingresos y de status, dividen a la clase trabajadora. Los hay que gozan de relativas buenas condiciones de trabajo y salario, y sectores situados en la frontera entre el trabajo en precario, el paro y las malas condiciones de trabajo y salario.
Pero el crecimiento de las nuevas ocupaciones, propio de la sociedad industrial, al contrario de lo que pudiera pensarse, no reduce, sino amplia la clase obrera, de tal manera que afirmase que la clase obrera no decrece, sino que se amplia continuamente, incorporando a su seno a las “nuevas clases trabajadoras”.
Estas nuevas ocupaciones introducen una mayor fragmentación, diversidad interna, pero también una menor pauperización. Se ha consolidado una “nueva clase trabajadora” integrada por directivos, técnicos, profesionales y nuevos trabajadores que disponen de altos salarios, de autonomía y realización personal del trabajo que realizan y ejercen funciones estrechamente vinculadas a la dirección capitalista; pero también está vinculada a aquellos trabajadores y obreros que tienen sueldos más bajos, menos autonomía, tareas rutinarias y alienantes y una vida laboral marcada por la subordinación. Se trata de un colectivo de trabajadores que están en la frontera y en buena medida pueden ser la avanzadilla del aburguesamiento de la clase trabajadora, pero puede también servir para lo contrario, para la socialización en valores de solidaridad al conjunto social. En definitiva en esto radica la diferencia entre los modelos de sociedad americanos y europeo este último bien representado por el gobierno socialista – comunista de Jospin en Francia, pese a la crisis socio política que acucia al país galo.
Si la transformación de la estructura ocupacional ha obligado a replantearse la cuestión de la existencia misma de la clase obrera, la orientación política de ésta también ha de ser replanteada. Los datos empíricos disponibles (CIS) permiten afirmar que la clase trabajadora ya no es una clase revolucionaria, ni defiende un socialismo radicalmente anticapitalista, ni desea la propiedad pública de los medios de producción, ni mucho menos la destrucción del Estado y la instauración de la dictadura del proletariado. Pero, por otro lado, tampoco se manifiestan procapitalistas o plenamente integrados en el sistema. Más bien expresan deseos de reforma profunda y gradual del capitalismo y expectativas claras de mayor justicia, igualdad y democracia económica; de ahí su firme apoyo a partidos de izquierda moderada.
Las tendencias al aburguesamiento se manifiestan más en los asalariados que están en la frontera entre el proletariado y la burguesía, pero no en el conjunto de los trabajadores. Es este un colectivo que sufre una crisis de identidad cultural, moral y política causada por el vacío provocado por el hundimiento de la cultura obrera tradicional fraguada en las fábricas y en el sector industrial en su conjunto.
El principal reto al que se enfrentan las clases trabajadores en este nuevo mundo globalizado es la lucha contra la precariedad y la flexibilidad laboral. La gran masa trabajadora que ve favorecida sus expectativas de ser empleada ingresa, por lo general, en la categoría de trabajadores eventuales. El procedimiento flexibilizador es el conocido con el término “re-engineering” consiste en combinar un nivel cada vez más elevado de informatización y de robotización con un nuevo modelo de organización que permite la máxima flexibilidad de los efectivos. Este nuevo modelo organizativo dentro de las empresas permite asegurar un mismo volumen de producción con la mitad del capital y con un 40% a un 80% menos de asalariados. La “re-engineering” no sólo reduce el número de empleos, también modifica profundamente la situación de los asalariados y las condiciones de empleo. En la práctica la cosa funciona del siguiente modo: la empresa (también las administraciones públicas, esencialmente Ayuntamientos) concentra su actividad en aquello para lo que está más capacitada, para lo que sabe hacer con la eficacia máxima. Las otras actividades son “externalizadas”. De esta manera la empresa divide a su personal en dos grandes grupos: un núcleo central permanente, en torno al cual gravita una reserva de mano de obrar precaria. El núcleo central no ha dejado de reducirse, mientras aumenta el circulante, los conocido como “contingent jobs” (empleos precarios e inestables). Esto están dando lugar a un nuevo tipo de pobres: los pobres ocupados (asalariados a tiempo parcial cuyo salario es inferior al nivel de pobreza) hacia donde se empeña el PP en caminar con su denostada reforma de la prestación por desempleo (GORZ, André 1997). Pese a esto no puede olvidarse que la precariedad laboral es un verdadero proceso de construcción social: primero fue la Reforma del Estatuto de los Trabajadores (1984): había que adaptar las relaciones laborales (muy rígidas debido al paternalismo de Franco) al sistema democrático. Después es el plan de Empleo Juvenil que fue parado con la Huelga General del 14 D (1988), posteriormente la reforma laboral de 1994: ETT´S, agencias privadas de colocación, contratos basura, contrato a tiempo parcial… 1997, un PP en minoría, auspicia la firma de Patronal y Sindicatos del AIEE (Acuerdo Interconfederal para la Estabilización en el Empleo): junto al incentivo de la contratación indefinida se cuela el despido barato para el nuevo contrato indefinido. La Ley de 2 de marzo de 2001, inicia una reforma en sentido contrario. Situación actual: el fallido intento del gobierno de reformar la Negociación Colectiva, es el precedente de la nueva reforma de las prestaciones por desempleo.
En este contexto cobra especial relevancia una de las principales carencias de la clase trabajadora: la inexistencia de una amplia cultura de resistencia basada en la solidaridad. Con todo lo preocupante son ciertas teorizaciones que refuerzan la cultura de la insolidaridad: la que sostiene como fórmula un individualismo de izquierdas y pretende responder a la crítica liberal del colectivismo, fundamentándose en las ventajas individuales que conlleva la cooperación social y la despolitización de las áreas subjetivas de la vida. O la conocida ideología de la meritocrácia que se retoma con fuerza el principio liberal de la sociedad de las oportunidades, que implícitamente explicaría que los procesos de empobrecimiento y enriquecimiento terminan asociándose a la valía personal, de esta manera el darwinismo social acaba por legitimarse. Es el modelo americano que todo lo invade: el mito de Bill Gate o de Alfonso Escamez, de Rosa López (Operación Triunfo) o de Fran (Gran Hermano). Cabe citar por último la cultura del hedonismo recuperada por cierta izquierda que se presenta como reacción al sentido sacrifical de la práxis política tradicional.
Para terminar, recordar la aseveración de Rafael Diaz-Salazar que afirma que no es posible identificar sin más cultura obrera y cultura de la solidaridad. La cultura de la solidaridad no nace por sí misma de forma espontánea y si ha llegado a desarrollarse en algunas circunstancias históricas, fue debido a que en el movimiento obrero surgieron y surgen “fuentes de producción moral” de una cultura solidaria. ¿Cuáles son hoy las fuentes de producción moral de una cultura de la solidaridad y cuales son los mecanismos de socialización y difusión de la misma entre los componentes de la clase obrera.?.

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4 pensamientos en “LA CLASE OBRERA HOY: RETOS E INQUIETUDES. Por Marcelo Sánchez-Oro Sánchez.

  1. En mi opinión, la clase obrera no es mas que el producto o consecuencia del sistema capitalista en el que en el pasado y en la actualidad viven la mayoria de los paises. desde un corto pasado se esta viviendo una profesionalizacion del trabajo, lo que aumenta la cateria de clase obrera en si a una clase profesionalizada que disminuye las desigualdades tipicas de la distincion de clases causadas por el capitalismo. la profesionalizacion da lugar a un importante cargo de poder, con ello una distincion que otorga identidad, (eres lo que trabajas), y por supuesto un reconocimiento salarial, lo que lleva a una permisividad consumista que acerca a esta clase a otras mas pudientes y distancia, al mismo tiempo de aquellos puestos de trabajo que no otorgan distincion. Actualmente no es igual considerado a un terrateniente agricola que aun operario de la construccion que aumenta su poder adquisitivo a costa de buenas inversiones. como resultado hay clases que se superditan a otras que anteriormente estaban por debajo.
    Por otro lado tenemos el caso de paises que actualmente viven en dictaduras comunistas, como es el caso de Cuba, donde todos sus ciudadanos son profesionales de diferentes ambitos laborales cuya profesionalidad otorga diferencias de identidad y de pertenencia. Pero ahi se queda todo, ya que el salario que perciben es el mismo para un medico que para un operario agricola. por lo que el poder adquisitivo iguala a todos los ciudadanos impidiendo asi distinciones clasistas.
    Mi pregunta es, ¿ donde esta la distincion de la clase, en el salario que da una disponibilidad de consumo diferente o igualitaria (en el caso de cuba) o en la profesionalidad e identidad de la actividad laboral, independientemente del salario?

  2. esto es muy chevere muy interesante para todos nosotros, los estudiantes pero mi pregunta es ¿vivimos rodeados de una sociedad obrera ? adios gracias

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