Las tres oportunidades… de Extremadura.

Marcelo Sánchez-Oro Sánchez
Profesor de Sociología
Universidad de Extremadura

Las tres oportunidades.

En su clarificador ensayo sobre el temor y la confianza en la sociedad posmoderna Zygmunt Bauman advierte de que si, en condiciones de modernidad sólida (la propia de las sociedades industriales del siglo pasado), la desgracia más temida era la imposibilidad de adaptarse a la norma general, hoy en día, tras el advenimiento de la modernidad líquida, el fantasma más aterrador es el miedo a quedarse corto. El reto no es ya la provisión de bienes y recursos, sino la gestión eficaz, cualitativa, de los mismos para conjurar el miedo y la inseguridad que la posmodernidad nos impone a cambio de la promesa de crecimiento ilimitado. La sociedad del todo a un euro y más, tiene una contrapartida, el incremento exponencial de los riesgos. En este contexto, los extremeños tenemos tres oportunidades.

 

Quiero insistir en este término, porque no se trata ya de deseos y necesidades insatisfechas, ni de anhelos inalcanzables, son las posibilidades que ofrece gestionar adecuadamente la importante cantidad de recursos y potencialidades de que disponemos.
La primera de las oportunidades nos la brindan los flujos migratorios, no me refiero solamente a los inmigrantes extracomunitarios, me refiero también a los emigrantes retornados y, a los grupos denominados neorrurales. Tenemos la oportunidad de revertir la tendencia casi decimonónica al estancamiento y la regresión demográfica, verdadero lastre para nuestro desarrollo. Imaginemos, por ejemplo, que tuviésemos la determinación (y la osadía) de arbitrar políticas de asentamiento de población inmigrante en las zonas más despobladas de la región, verdaderos desiertos demográficos como es el caso del oeste y noroeste de Extremadura. Las posibilidades económicas y sociales, no exentas de riesgos indudablemente, serían muy interesantes, tanto como para asumir las incertidumbres que estas iniciativas pudieran deparar. En cuanto a los grupos neorrurales y los emigrantes retornados ya sean de forma estable o estacional (turismo paisano), conviene profundizar en las políticas hoy desplegadas, para ajustar demanda y necesidades de estos grupos, con el equilibrio de los entornos paisajísticos y demográficos. Es necesario promover la diversificación de asentamientos mostrando las posibilidades que tienen comarcas como los Ibores, La Siberia, o el sur de la Provincia de Badajoz por ejemplo, para evitar la concentración en las comarcas del norte más oriental que son las que hoy sufren con mayor intensidad la presión que este tipo de flujos originan.
La segunda oportunidad son las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. Los datos más reciente persisten en presentarnos una realidad, en cuanto a su implantación en la sociedad general, aún lejos de la media española, la cual ya es baja respecto de la media europea. El problema de verdad reside en la denominada brecha digital que separa las comunidades avanzadas de las solamente modernas, como señala Manuel Castells, la digitalización ha creado un nuevo espacio, el espacio de flujos y un nuevo tiempo, el de la virtualidad real y no podemos permitirnos el lujo de permanecer, como colectividad, al margen de ambos. Esta oportunidad es un desafió que no puede superarse solamente con el empeño de la administración autonómica, ya de por sí encomiable y ejemplar, conviene encontrar formulas imaginativas y atrevidas para implicar al conjunto de la sociedad e instituciones civil en este reto.
La tercera gran oportunidad es la obtención de réditos, en su sentido más amplio, de nuestro capital social. El posicionamiento de la región en el nuevo entorno globalizado depende cada vez más de las oportunidades que ofrece el empleo adecuado de tres tipos asociados al capital social. Uno de ellos es el papel que deben jugar en el desarrollo regional de los jóvenes titulados, formados en nuestras facultades, su rol fuera del entorno universitario está aún por dilucidar. Por otra parte, Extremadura ya no es el páramo asociativo de finales de los setenta, pero nuestra red asociativa debe sacudirse la inercia familista y clientelar y ejercer el rol de articulación cabal de la defensa y representación de los intereses de todo tipo que surgen de una sociedad civil cada vez más critica y activa. Por último, un elemento básico del capital social es el tipo de liderazgo que ejercen los actores locales. Urge promocionar líderes paradigmáticos, que existen en nuestra corta experiencia como región autónoma en democracia, que hayan sido capaces de lograr la aceptación y la legitimidad a base de un ejercicio autónomo, universalista y participativo de la acción social y política que en cada momento requieren los colectivos humanos.

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