Tribus urbanas: Cuando no tienes nada, lo que te queda es la tribu, el sentimiento tribal. (Por Marcelo Sánchez-Oro Sánchez)

Tribu Etimológicamente tribu, del latín tribus, significa conjunto de tres y equivalía a cada una de las fracciones en que estaba dividido el territorio. Traduce la fule, que es una de las tres divisiones concéntricas de la sociedad griega: Las otras son la génos y lafratra. Hacían falta treinta gens para una fratría y tres de éstas para unafitle. Los antropólogos definen la tribu como un grupo autónomo, social y políticamente, de ex tensión definida, de homogeneidad cultural y organización social unificada que habita un territorio que le pertenece. En principio, tiene un jefe y las familias*, clanes* o pequeñas comunidades* que la forman, están unidas por lazos económicos, sociales, religiosos, familiares o de sangre. La lucha política por la defensa del territorio es una de sus actividades más frecuente. Se pueden distinguir dos tipos de tribus, la segmenta ña, muy descentralizada, y los cacicatos, muy jerarquizadas. En el primer caso, la cohesión interna es débil; por el contrario, en el segundo es fuerte. Varias tribus se pueden asociar, temporalmente o en permanencia, para formar una confederación con fines militares o religiosos; casi nunca posee un sistema centralizado. La economía de la tribu está dominada por las relaciones de parentesco. En nuestros días vuelve a hablarse mucho de tribus. Las tribus de las ciudades acotan un espacio, no porque les interese en sí mismo sino porque es indispensable para establecer una red de relaciones que fortalecen el sentimiento de pertenencia al grupo. Estas se forman y desaparecen con más facilidad que aquellas. La ciudad antigua es una multitud de tribus entrecruzadas y divididas más tarde en una ciudadanía. (Giner, S. 1998. Diccionario de Sociología)

EXTRACTO DE: JUARISTI (1974): LAS TRIBUS. Alianza Editorial

En este estudio intentamos descubrir en qué consiste esta energía sui géneris que, como veremos, es irreductible a cualquier otra, que denominamos la tribalidad o el sentimiento tribal; qué es una tribu: cómo se forma y se mantiene; cómo funciona; cómo se ensambla o se enfrenta con otras tribus de su mismo o diferente nivel y cuanto directa o indirectamente se relacione con este mundo tan curioso y tan poco conocido.
Estas observaciones preliminares se irán comprendiendo mejor, a medida que vayamos adentrándonos en los vastos dominios del Horno tribalis.
Tratándose del sentimiento tribal, nada es superficial o fútil, nada resulta banal o insignificante. Cuanto de alguna manera encarne o represente al Horno tribo/is es por demás significativo, digno de la mayor atención, objeto del mayor respeto, admiración, afecto y veneración. Pero de entre lo- ¿das las facetas, propiedades o dimensiones del sentimiento tribal, destaca una que quizá sea la más intocable y sagrada. En efecto, como veremos, nada tal vez encarne el sentimiento tribal como algo tan tangible, tan inanimado, tan material, y, sin embargo, tan subjetivo, tan vital y tan humano como es la tierra.

LA TIERRA
La tierra, además de proporcionar a una tribu un elemento de estabilidad y de identidad-unidad diacrónica multisecular, ofrece una variedad de productos de todo orden y hasta una riqueza estética de paisajes. Pero, además, una de las riquezas que un país deriva de su tierra es el poder militar y económico que le puede proporcionar su posición más o menos estratégica.
Si nos fijamos bien contraremos todos los elementos principales que forjan La naturaleza tribal: una tierra determinada: en una zona de terminada, se concentra la comunidad; la comida y bebida tribales: ultramarinos donde se venden costillas de cerdo adobadas aL estilo chino; restaurantes donde se sirve comida china; la lengua y escritura tribales; el vestido oriental y hasta artesanía y arte tribales.
El centro gallego, la sinagoga judía, el barrio negro y tantos otros cotos tribales que encontramos en países diversos deben su existencia y funcionamiento a esta ley tribal:
Cada tribu tiende a preservar su personalidad y posee mecanismos especiales para lograrlo, si se encuentra amenazada al encontrarse sumergida en unas aguas tribales de carácter distinto y disolvente. »
En resumen, podemos afirmar que varios factores intervienen flj de la tierra tribal de un individuo. Y, así, podemos distinguir estas variaciones de tierras tribales:
1. El individuo que nace y vive en la misma tierra en la que nacieron sus padres y antepasados. Es el caso de la tierra natal-ancestral común. No existe bipolarización tribal alguna en este individuo.
2. Individuo que nace y vive en tierras distintas y opuestas. Caso típico del emigrante y del exiliado. Se da una bipolarización tribal entre tierra natal y tierra residencial.
3. Individuo que nace en tierras distintas a las de sus padres. Caso de bipolarización tribal típica de los hijos de emigrante nacidos en otro país.

LA RAZA

El sentimiento tribal no se contenta con afirmar y pro clamar que la propia lengua es la más noble, la más poética, la más erudita y refinada; no le basta con sostener que el propio folklore es el más rico, el más vistoso, el más civili zado; no se satisface con exaltar su propia historia, sus pro pias gestas como las más heroicas, las más dignas, las más sublimes. El sentimiento tribal va aún más lejos. No sola mente lo que aparece en la superficie de las cosas y de los hechos de la propia tribu es diferente, distinto y, desde luego, superior, sino que las raíces mismas que se ocultan a la vista, los fundamentos o la base son diferentes, distintos y, desde luego, más sólidos, más firmes, más profundos. No solamente el sentimiento tribal quiere o afirma que cuanto la tribu tiene es superior, sino lo que la tribu es se distingue por su excelencia única e incomparable. El sentimiento tribal sostiene que el espíritu o alma que anima a una tribu deter minada es de una naturaleza o clase diferente y, desde luego, más elevada y más digna. Aquí nos topamos con uno de los dogmas fundamentales del credo tribal: la creencia firme de que el carácter moral o naturaleza espiritual de la propia
tribu es diferente a cualquier otro y, además, muy por en,j cima de cualquier otro. No faltan pensadores y/o poetas que
desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días pretenden erigir este dogma del credo tribal en una teoría de carácter científico o al menos académico.

Esta creencia tan arraigada en la superioridad moral, y
la superioridad a secas de la propia tribu, viene además a emparentarse y a unirse estrechamente con una creencia no menos arraigada, no menos vigorosa y no menos subjetiva
como es la creencia en la superioridad de la propia raz Raza, término y concepto, engendrado por vía directa por el
sentimiento tribal. Ya estamos en presencia de algo, por tanto, emocional y subjetivo, como siempre que anda por medio el Homo triha

HISTORIA
La historia contribuye, desde una perspectiva especial, pro pia y única, a crear y a cimentar el sentimiento y conciencia tribales. Hay tribus modernas, jóvenes, casi recién salidas del huevo, como Zaire o Tanzania, todavía sin apenas histo ria. Otras con algunos siglos de historia, como Estados Unidos y Brasil. Otras cargadas de siglos de historia, con un pasado largo, variado y rico. Algunas, como Grecia, y aún más la India o China, pueden jactarse de contar con un pasado riquísimo, con una cultura clásica inestimable, con una historia que se pierde en la noche de los tiempos. Cada tribu estima y venera su propia historia como algo entraña blemente suyo, como a su propio ser, ya pasado pero no muerto, lejant pero presente, rancio pero joven.

Conviene observar que el pasado histórico ejerce una poderosa influencia en el comportamiento actual de los miembros de una tribu, tanto cuando un brillante periodo anterior alimenta el deseo inconsciente, pero profundo y eficaz, de restaurar aquella edad de oro tribal, como cuando una despiadada derrota y humillación lacerante empuja con inusitado vigor a los miembros de la tribu así hundida a sacarse la espina y a escribir una nueva página original, bri llante, y que llegue a hacer olvidar los bochornos «debidos sin duda —como lo sienten los miembros de la tribu— a varias circunstancias desgraciadas: el Hado Cruel, la Suerte favoritista y despiadada, la locura de unos pocos, la traición de algunos y el odio de los extranjeros». (Todos ellos chivos expiatorios de aquel bochorno histórico tribal.)

Conviene observar que el pasado histórico ejerce una poderosa influencia en el comportamiento actual de los miembros de una tribu, tanto cuando un brillante periodo anterior alimenta el deseo inconsciente, pero profundo y eficaz, de restaurar aquella edad de oro tribal, como cuando una despiadada derrota y humillación lacerante empuja con inusitado vigor a los miembros de la tribu así hundida a sacarse la espina y a escribir una nueva página original, bri llante, y que llegue a hacer olvidar los bochornos «debidos sin duda —como lo sienten los miembros de la tribu— a varias circunstancias desgraciadas: el Hado Cruel, la Suerte favoritista y despiadada, la locura de unos pocos, la traición de algunos y el odio de los extranjeros». (Todos ellos chivos expiatorios de aquel bochorno histórico tribal.)

LA CULTURA

1.-COMIDA Y BEBIDA
El comer y el beber son dos tareas harto materiales y bien comunes a toda la especie humana y aun animal. Sin
embargo, la comida y la bebida, como tantas otras ocupa ciones en sí de carácter físico o animal, entrañan todo un lenguaje simbólico muy significativo de carácter tribal. Si el comer es algo universal, lo que se come, el número y orden de comidas, la manera de cocinar y condimentar, las formas y protocolo que se ha de observar y otros aspectos relacio nados con la comida son de carácter específicamente tribal. La tortilla de patatas y la paella no son solamente dos tipos de comida más o menos sabrosos, nutritivos y digeribles, sino además son dos importantes emblemas de carácter tri bal para un español, como el roast-beef y el pudding lo son para un inglés y la pizza y los espaguettis para un italiano. Lo mismo ocurre con la bebida. El vodka viene a ser un símbolo tribal importante para un ruso, como la tequila para un mejicano o el güisqui para un escocés. Decir a un ruso que no hay nada como el vodka es tocarle la fibra sensible del alma tribal. Para adular a un escocés nada mejor que cantar y loar las excelencias de su incomparable güisqui. Decirle a un mejicano que la tequila es una pócima que quema las entrañas equivale a cometer una ofensa de lesa tribu. El Horno tribaljs anda también entre los pucheros. Las susceptibilidades tribales en este terreno no son menores que en el lingüístico u otro. Observemos un retazo de con versación que tuvo lugar en Inglaterra en 1970. Un matrimo nio español fue a almorzar a casa de unos indios que, con especial esmero, habían preparado una comida típicamente india.
2.- LA LENGUA

Pero la lengua no es, como
humanos, aun los más elementales, algo puramente univer sal, idéntico en corte, contenido y forma. La tendencia tan humana a singularizar e individualizar lo común y universal interviene aquí una vez más. El hombre es un animal que habla, pero un animal que habla diversas lenguas. distintas e j entre sí, e incluso cuando habla la misma len gua, puede diferir notablemente el acento, la pronunciaciól’I. la musicalidad y el ritmo.
La lengua no es simplemente como pudiere parecer a primera vista, una manera de comunicar y transmitir el pen samiento — ocultar y disfrazar el pensamieflto a veces, como observó Voltaire con su habitual agudeza y sorna— la lengua entraña además una determinada filosofía y contiene una manera bien elaborada, aunque implícita, de concebir el universo y al hombre dentro del universo. No vamos aquí a adentramos en esta cuestión que estaría fuera de lugar,

Bibliogafía
JUARISTI (1974): LAS TRIBUS. Alianza Editorial
FIRTH, R., Política, derecho y ritual en la sociedad tribal, Madrid, Akal, 1978. MAFFESSOLI, M., El tiempo de las tribus, Barcelona, Laia, 1989.

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