LA RACIONALIDAD TECNOLÓGICA Y LA LÓGICA DE LA DOMINACIÓN (Extracto de MARCUSE, H. (1964): El hombre unidimensional. Capitulo 6. Beacon Press.

Presentamos un extracto de Marcuse. Nuestra pretensión es favorecer la reflexión sobre el alcance que debemos dar a las nuevas tecnologias tienen en nuestra sociedad. Responder a los interrogantes que surgen sobre sus efectos sobre el cambio social. El texto de Marcuse, en linea con una visión critica no de las ciencias, sino con el uso que se hace de ella, es tan sólo un visión parcial del problema, sin duda exiisten visiones más optimistas. (Marcelo Sánchez-Oro Sánchez)

Marcuse.


(…) La ciencia de la naturaleza se desarrolla bajo el a priori tecnológico que enfoca la naturaleza como instrumentalidad potencial, objeto de control y organización. Y la aprehensión de la naturaleza como instrumentalidad (hipotética) precede al desarrollo de toda organización técnica particular:El hombre moderno toma la totalidad del Ser como materia prima para la producción y somete la totalidad del mundo-objeto al dominio y el orden de la producción (Herstellen)… El uso de la maquinaria y la producción de máquinas no es técnica en sí misma, sino meramente un instrumento adecuado para la realización (Einrichtung) de la esencia de la técnica en su materia prima objetiva (Heidegger, 1950, pp. 266 Y ss.; también, 1954, pp. 22 Y 29).

El a priori tecnológico es un a priori político en la medida en que la transformación de la naturaleza supone la del hombre, y en la medida en que las «creaciones del hombre» surgen de un conjunto social y re-ingresan en él. Se puede afirmar con insistencia que la maquinaria del universo tecnológico es, «en sí», indiferente con respecto a fines políticos; sin embargo, puede revolucionar o retrasar una sociedad. Una computadora electrónica puede servir igualmente a una administración capitalista o a una socialista; un ciclotrón puede ser igualmente eficaz para un partido belicista o un partido pacifista. Esta neutralidad es puesta en tela de juicio en la controvertida aser. ción de Marx según la cual «la muela de mano da la sociedad del señor feudal; el molino de vapor, la sociedad del capitalista industrial» (1935, p. 355). Y esta afirmación es modificada en la misma teoría marxista: el factor histórico básico es el modo de producción, no la técnica. Sin embargo, cuando la técnica se convierte en la forma universal de la producción material, circunscribe toda una cultura; proyecta una totalidad histórica, un «mundo».
¿Podemos decir que la evolución del método científico meramente «refleja» la transformación de realidad natural en realidad técnica, en el proceso de la civilización industrial? Formular la relación entre la ciencia y la sociedad de este modo es suponer dos ámbitos y sucesos que convergen, a saber, (1) la ciencia y el pensamiento científico, con sus conceptos internos y su verdad interna, y (2) el uso y la aplicación de la ciencia en la realidad social. Dicho de otro modo, por estrecha que sea la conexión entre los dos desarrollos, no se implican ni se definen mutuamente. La ciencia pura no es ciencia aplicada; conserva su identidad y su validez aparte de su utilización. Además, esta noción de la neutralidad esencial de la ciencia se extiende también a la técnica. La máquina es indiferente a los usos sociales que se le den, siempre que esos usos permanezcan dentro de sus posibilidades técnicas.
En vista del carácter instrumental interno del método científico, esta interpretación parece inadecuada. Parece existir una relación más estrecha entre el pensamiento científico y su aplicación, entre el universo del discurso científico y el del discurso y la conducta ordinarios, relación en la cual ambos se mueven según la misma lógica y racionalidad de dominación.
En un proceso paradójico, los esfuerzos científicos dirigidos a establecer la rígida objetividad de la naturaleza llevaron a una creciente des-materialización de la naturaleza.

La idea de la naturaleza infinita que existe por sí misma, esta idea que debemos abandonar, es el mito de la ciencia moderna. La ciencia comenzó por destruir el mito de la Edad Media. Y ahora la ciencia se ve obligada, por su propia coherencia, a comprender que no ha hecho más que crear otro mito (Weízsacker, 1949, p. 71).

El proceso que comienza con la eliminación de las sustancias independientes y las causas finales llega a la ideación de la objetividad. Pero es una ideación muy específica, en la que el objeto se constituye en una relación totalmente práctica con el sujeto:
¿Y qué es la materia? En física atómica, la materia es definida por sus posibles reacciones a los experimentos humanos, y por las leyes matemáticas -esto es, intelectuales- a que obedece. Definimos la materia como un posible objeto de manipulación por el hombre (p. 142).

Y si es así, la ciencia misma se ha hecho tecnológica:

La ciencia pragmática tiene una visión de la naturaleza adecuada a una era tecnológica (p. 71).

Hasta el grado en que este operacionalismo se convierte en el centro de la empresa científica, la racionalidad asume la forma de la construcción metodológica; es la organización y el manejo de la materia como mero objeto de control, como instrumentalidad que se presta a todos los propósitos y fines, la instrumentalidad per se, «en sí misma».
La actitud «correcta» hacia la instrumentalidad es el enfoque técnico, el logos correcto es tecno-logía, que proyecta una realidad tecnológica y responde a ella . En esta realidad, la materia, tanto como la ciencia, es «neutral»; la objetividad no tiene un telos en sí misma ni está estructurada hacia un telos. Pero es precisamente su carácter neutral lo que relaciona la objetividad con un Sujeto histórico específico, a saber, con la conciencia que prevalece en la sociedad por la cual y para la cual se establece esta neutralidad. Opera con las mismas abstracciones que constituyen la nueva racionalidad: como un factor interno, no externo. El operacionalismo puro y el aplicado, la razón teórica y la razón práctica, la empresa científica y la industrial, ejecutan la reducción de las cualidades secundarias a las primarias, la cuantificación y la abstracción a partir de «tipos particulares de entidades».
Es verdad que la racionalidad de la ciencia pura está libre de valores y no estipula fines prácticos, es «neutral» con respecto a todo valor extraño que se le pueda imponer. Pero esta neutralidad es un carácter positivo. La racionalidad científica requiere una organización social específica precisamente porque proyecta una mera forma (o una mera materia: aquí convergen los dos términos, por lo demás opuestos) que puede ser aplicada a prácticamente todos los fines. La formalización y la funcionalización son, antes de toda aplicación, la «forma pura» de una práctica social concreta. Mientras la ciencia liberó a la naturaleza de fines intrínsecos y despojó a la materia de todas las cualidades excepto las cuantificables, la sociedad liberó a los hombres de la jerarquía «natural» de la dependencia personal y los relacionó unos con otros de acuerdo con magnitudes cuantificables, o sea, como unidades de fuerza de trabajo abstracta, calculable en unidades de tiempo. «En virtud de la racionalización de los modos de trabajo, la eliminación de cualidades es transferida del universo de la ciencia al de la experiencia cotidiana.» (Horkheimer y Adorno 1947, p. 50.)

(…) A modo de resumen, podemos ahora tratar de identificar más claramente al sujeto oculto de la racionalidad científica y los fines ocultos tras su forma pura. El concepto científico de una naturaleza universalmente controlable imaginó la naturaleza como una infinita materia-en-función, mero objeto de la teoría y la práctica. En esta forma, el mundo-objeto entró en la construcción de un universo tecnológico, un universo de instrumentalidades mentales y físicas, que son medios en sí mismas. Por ende, se trata de un sistema verdaderamente «hipotético», que depende de un sujeto convalidador y verificador.
Los procesos de convalidación y verificación pueden ser puramente teóricos, pero nunca se dan en un vacío y nunca terminan en una mente privada, individual. El sistema hipotético de formas y funciones depende de otro sistema: un universo pre-establecido de fines, en el cual y para el cual se desarrolla. Lo que parecía extraño, ajeno, al proyecto teórico se revela como parte de su misma estructura (método y conceptos); la objetividad pura se revela como objeto para una subjetividad que proporciona el Telos, los fines. En la construcción de la realidad tecnológica, no existe nada semejante al orden científico puramente racional; el proceso de la racionalidad tecnológica es un proceso político.
Sólo en el medio de la tecnología el hombre y la naturaleza se convierten en objetos fungibles de organización. La eficacia y la productividad universales del aparato al cual están sometidos velan los intereses particulares que organizan el aparato. En otras palabras, la tecnología se ha convertido en el gran vehículo de la cosificación: la cosificación en su forma más madura y efectiva. No sólo aparecen la posición social del individuo y su relación con otros determinadas por cualidades y leyes objetivas, sino que estas cualidades y leyes parecen perder su carácter misterioso e incontrolable; parecen manifestaciones calculables de la racionalidad (científica). El mundo tiende a convertirse en objeto de administración total, que absorbe hasta a los administradores. La trama de la dominación se ha convertido en la trama de la Razón misma, y esta sociedad se halla fatalmente enmarañada en ella. Y los modos trascendentes de pensamiento parecen trascender a la Razón misma.
En estas condiciones, el pensamiento científico (en el sentido amplio, como opuesto al pensamiento confuso, metafísico, emocional e ilógico) fuera de la física asume la forma de un formalismo (simbolismo) puro y autónomo, de un lado, y un empirismo total, del otro. (Este contraste no es un conflicto. Considérese la muy empírica aplicación de la matemática y la lógica simbólica en las industrias electrónicas.) Con respecto al universo establecido del universo y la conducta, el denominador común es la no-contradicción y la notrascendencia. El empirismo total revela su función ideológica en la filosofía contemporánea. En lo tocante a esta función, en el capítulo siguiente discutiremos algunos aspectos del análisis lingüístico. Esta discusión preparará el terreno para el intento de mostrar las barreras que impiden a este empirismo enfrentarse con la realidad, y establecer (o más bien re-establecer) los conceptos que pueden romper esas barreras.

Obras de referencia
Bachelard, G. (19.51), L’Aetivité Rationaliste de la Physique Contemporaine,
Presses Universitaires, París.
Bachelard, G. (1958), La Conseienee de Rationalité, Presses Universitaires,
París.
Bicmel, W. (rec.) (1954), Die Krisis der Europaisehen Wissensehalten und die
Tranzendentale Phanomenologie, La Haya, Nijhoff.
Bunge, M. (1959), Metascientilie Queries, Charles C. Thomas, Springfield, 111. Dewey, J. (1929), The Quest lor Certainty, Nueva York.
Dingler, H. (1951), «Philosophy of Physics, 1850-1950», Nature, vol. 168,
página 636.
Grünbaum, A. (1954), «Operationalism and relativity», en P. G. Frank (rec.),
The Validation 01 Scientilie Theories, Beacon Press, pp. 84-94. Heidegger, M. (1950), Holzwege, KIostermann, Francfort.
Heidegger, M. (1954), Vortrage und Aulsatze, Gunther Neske, Pfüllingen. Heisenberg, W. (1948), «Ueber den Begriff ‘Abgeschlossene Theorie’», Dialec
tiea, vol. 2, núm. 1, p. 333.
Heisenberg, W. (1958), The Physicist’s Concept 01 Nature, Hutchinson. Heisenberg, W. (1959), Physies and Philosophy, Allen & Unwin. Horkheimer, M., y Adorno, T. W. (1947), Dialektik der Aulkliirung, Ams
terdam.
Marx, K. (1935), «The poverty of philosophy», cap. 2, «Second Observation»,
en E. Burns (rec.), A Handbook 01 Marxism, Nueva York.
Marx, K., y Engels, F. (1846), Die Deutsehe Ideologie, trad. Molitor.

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4 pensamientos en “LA RACIONALIDAD TECNOLÓGICA Y LA LÓGICA DE LA DOMINACIÓN (Extracto de MARCUSE, H. (1964): El hombre unidimensional. Capitulo 6. Beacon Press.

  1. Excelente la teoría crítica de la escuela de Frankfurt!!!

    Me agrada la tesis de Marcuse, sobre una sociedad unidemensional y totalitaria lograda a través de la logica de dominación de las ciencias y su respectivo racionalismo tecnológico.

    Se podrían analizar muchas cosas, sin embargo, mucho espacio no hay…OAJOja

    asi que muchas felicidades por compartir tan importantes teorías…gracias…

    saludos fraternos!

  2. doty: ejemplo de unidimensionalidad con tu refernecia hacia marcuse quedó explícito que no entendiste nada sobre el texto.NIÑA ESE ANÁLISIS ES LA DIMENSIÓN DE LA REALIDAD Y ESO NO ES SIMPLE, SIMPLE ES LEER UNA REVISTA JUVENIL Y VER PROGRAMAS ESTUPIDOS DE TV Y MODAS!!

  3. Hola gracias por la breve reseña de la Teoria de Marcuse, me sirvio para refrescar algunas ideas. a mi particualrmente me gusta mucho leer a Marcuse, porque hay en el una propuesta emancipadora, que no todos han logrado percibir ni valorar, a pesar de que sus escritos son adelantados para su epoca y estan revestidos hasta el dia de hoy de cierta actualidad alucinante. saludos.

    Maricelita de Cordoba Argentina

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