PERCEPCIONES Y ORIENTACIONES SOBRE EN EL MEDIO RURAL DE EXTREMADURA (Por José Antonio Pérez Rubio y Marcelo Sánchez-Oro Sánchez, profesores de sociología de la UEX)

 

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1.- Introducción.

En esta comunicación, tratamos de acercarnos a los fenómenos de cambio que están ocurriendo en el mundo rural a través de las percepciones de los jóvenes tomados como sujetos activos de las transformaciones que se están originando en el medio rural en un caso y, en otros casos, tomamos como referencia las opiniones de la población general. En expresión de Bericat (2002:55) debemos ser capaces de interpretar los nuevos fenómenos en términos del marco interpretativo que nos ofrece el proceso “tradición – modernidad – posmodernidad”. En este sentido, y de forma aproximada, utilizamos algunos elementos de su marco de referencia para averiguar cuales son las orientaciones de la población que está articulada de forma permanente o esporádica a los modos de vida vigentes en el medio rural.

Aquí, lo que nos preocupa, es articular de manera coherente conceptos y dimensiones del desarrollo rural que expliquen la importancia que pueden tener estos elementos perceptivos y valorativos en el proceso de desarrollo local. Una preocupación no menor es la posibilidad de su operacionalización y diseñar instrumentos de recogida de datos de los ámbitos rurales. Se trata de materializar instrumentos de medición de las diferentes dimensiones afectadas, de establecer relaciones descriptivas o explicativas de los comportamientos sociales en esos ámbitos y llegar a ponderar de la forma más precisa como estos aspectos sociales afectan a los procesos de desarrollo rural. En concreto se trata de interpretar cuestiones como la preocupación por el medio rural y la valoración de su situación actual, la percepción simbólica de este espacio en contraste con el urbano.

Por último conviene comentar la procedencia de los datos empíricos que sirven de base a esta comunicación. Los problemas que aquí se tratan se han estudiado dentro de una investigación más amplia, inscrita en un proyecto financiado por el Plan I+D del Ministerio de Ciencia y Tecnología para el periodo 2003-2005 bajo el título de “Redes sociales e intangibles en el Desarrollo Rural de Extremadura”[1]. Para este fin, se seleccionaron sendas muestras representativas de los alumnos de ESO y de Bachillerato (que cursan sus estudios en los Institutos de Educación Secundaria (IES) de las comarcas rurales de la región) y de los alumnos universitarios de la Universidad de Extremadura (UEX) procedentes del mismo medio, bajo el supuesto de que la información suministrada por estos informantes resulta más cualificada que un sondeo indiscriminado y generalista. No obstante, en otra fase de la investigación, a la que aquí solamente haremos referencias parciales a efectos comparativos, algunas de estas cuestiones también fueron tratadas mediante una encuesta general a la población extremeña.

Identidad y preocupación por los problemas del medio rural.

Como sostiene Díaz Méndez (2004) en referencia a las jóvenes mujeres rurales, la generación del siglo XXI conoce la vida urbana de forma directa, a través de los estudios, del trabajo y/o del ocio, a la vez que comparten vivencias con personas que tienen representaciones tradicionales en el mundo rural. Pertenecen a una generación móvil, avocada a mantener relaciones fluidas entre los pueblos y las ciudades. Su decisión de permanecer o alejarse del territorio se toma en un escenario dual en permanente convivencia, y en el que se vislumbran conflictos de género y entre generaciones. De ahí, que la “preocupación” por el medio rural, entendida también como “identificación problemática” de los jóvenes que viven en él o lo tienen como referencia vital, deba ser objeto de análisis con objeto de conocer las orientaciones laborales, profesionales y de futuro de vida.

En torno a esta idea, las cuestiones que queremos averiguar desde el punto de vista empírico son tres: en qué medida preocupan los temas rurales en su conjunto; qué valoración hacen los estudiantes rurales de la situación que tienen los pueblos de la región y, finalmente, como valoran la situación de las zona rurales en comparación con la de otras comunidades autónomas.

Para llevar a cabo el análisis de las respuestas a las preguntas formuladas en el proyecto de referencia, hemos elaborado tres indicadores[2]: el de preocupación por el medio rural (Ip), el de valoración de la situación del medio rural (Iv), y el de comparación de la situación con el resto de Comunidades Autónomas (Ic).

El indicador de “preocupación general” alcanza una puntuación de 0,75 (Gráfico 1). Cuando se analiza por subgrupos se comprueba que es más alto en el caso de los universitarios (0,77). El indicador de “valoración de la situación” de los pueblos es significativamente inferior, conjuntamente la puntuación no alcanza la mitad de la escala (0,48); sin embargo, al contrario del indicador anterior, la valoración de la situación del mundo rural es bastante más elevada en los estudiantes de eso/bachiller (0,66) y mucho más bajo en los universitarios (0,37). El indicador de”comparación” con otras comunidades autónomas toma puntuaciones bajas en las submuestras y en el agrupado.

Según se desprende de estos valores los universitarios extremeños tienen una mayor inquietud por la situación del mundo rural, pero su valoración de la situación actual de este medio y su relación con la de otras comunidades autónomas es mucho más baja; es decir, son significativamente más pesimistas que entre los encuestados más jóvenes. ¿Se trata de una apreciación más realista de la realidad rural extremeña derivada de una mayor conocimiento y madurez o de la distancia entre las vivencias en los campus universitarios y las que tuvieron en el entorno rural?. Creemos que puede ser ambas cosas a la vez.

La comarca de residencia[3] es la variable que ofrece una mayor diversidad en las opiniones de los estudiantes referidas a los indicadores propuestos. Al cruzar las tres “valoraciones” con otras variables que podrían ser consideradas independientes como el sexo o el tamaño de los municipios de residencia, no se apreciasen diferencias significativas; sin embargo, en relación al ámbito comarcal, encontramos diferencias en las distribuciones porcentuales referidas a dichas divisiones territoriales. En el gráfico que no reproducimos aquí “Comarcas extremeñas/ preocupación temas rurales/situación actual de los pueblos /situación comparada con otras Comunidades Autónomas, según opinión de los jóvenes rurales. (valores: mucho+bastante) (n= 2.570) (%)

Se puede establecer una tipología comarcal en función de las respuestas que se obtienen. No todas las comarcas pueden encuadrarse en estas agrupaciones porque el instrumento que se ha utilizado permite situaciones neutras, una clasificación exhaustiva requeriría un modelo de análisis factorial que manejase una mayor variedad de datos que además deberían ser de tipo cuantitativo, este no es el caso. Así, por ejemplo existe un grupo de comarcas, como son La Siberia extremeña, la Sierra de San Pedro o Trujillo en las que se destaca una fuerte preocupación por el medio rural unido a una valoración relativamente pesimista de la situación de los pueblos. Se trata de comarcas situadas en la franja central de la región, caracterizadas en el caso de las dos primeras por una situación de relativo aislamiento, bajas densidades poblacionales y fuerte tendencia hacia el envejecimiento de la población.

Otra categoría comarcal es aquella, como en el caso de Tentudía, Tajo-Salor, Miajadas-Comarca o Los Llanos de Olivenza, donde se manifiesta una fuerte inquietud por los temas rurales a la vez que una visión optimista de la situación de los pueblos. En cierto sentido estas opiniones reflejan un sentimiento de optimismo respecto su situación actual y sus perspectivas de futuro. Son comarcas bien articuladas por medio de las infraestructuras viarias al conjunto de la región y a otras regiones y próximos a grandes núcleos poblacionales (Badajoz, Cáceres y Don Benito – Villanueva de la Serena) y con dinamismo socio económico.

Finalmente, una tercera categoría comarcal es aquella integrada por los que muestran poca preocupación por el medio rural y a su vez muestran una visión bastante negativa de la situación de los pueblos. Es el caso de comarcas como las Villuercas y en menor medida el Ambroz y Valle del Árrago. Esta actitud negativa puede atribuirse a muy diferentes factores que en cada caso requerirían un estudio más pormenorizado.

La acumulación de respuestas positivas o negativas a los valores más extremos permite detectar comarcas en las que existe un elevado nivel de optimismo general, como es el caso de la comarca de Tentudía (puntúa alto en todos los ítems), frente al pesimismo que caracteriza a la comarca de las Villuercas con los porcentajes más bajos en las tres cuestiones planteadas.

Este panorama comarcal, según las valoraciones de los estudiantes, induce a seguir investigando utilizando diseños muestrales más amplios que permitan mayores niveles de desagregación para reducir los márgenes de error estadístico y profundizar, más allá de las meras apreciaciones subjetivas en un modelo explicativo más estructural en línea de lo expuesto por Moyano Estrada, E. (2001) cuando observa que existen sociedades que han sido incapaces de alcanzar unas cotas mínimas de bienestar y de organizar adecuadamente sus recursos; junto a estas, otras que han sabido aprovechar mejor los recursos disponibles y que están mejor articuladas para llevar a cabo proyectos individuales o colectivos en beneficio de la comunidad. Puede que ambas sociedades hayan sido incluso objeto preferente de los programas de ayuda al desarrollo; pero la realidad es que mientras, en las primeras, esos programas no han tenido el éxito esperado, en las segundas sus efectos han superado con creces lo previsto en los estudios previos realizados por los expertos, de tal manera que estas últimas se convierten además en centros de atracción de nuevas inversiones, al comprobar los posibles inversores que ellas ofrecen un dinamismo que no existen en las otras, sus instituciones funcionan con eficiencia, sus recursos humanos son cualificados, existe seguridad jurídica para la iniciativa privada, la ciudadanía confía en sus gobernantes y éstos en las capacidades de su población; en definitiva, son sociedades en las que hay confianza entre los ciudadanos para emprender proyectos colectivos.


La percepción simbólica del mundo rural: la disolución de los mitos sobre el ruralismo.

No ha sido frecuente analizar en nuestro país lo que piensa la gente en general sobre el medio rural, es decir ¿qué percepciones tienen los que habitan en este medio de él?. La idea inicial de partida, podría ser la que sostienen González, J. J., Gómez Benito, C., García Bartolomé, J. M. (2002) la ruralidad es un valor que nunca ha cotizado en España, al menos como ha ocurrido en Francia, donde está asociada a un nivel de articulación social e influencia política mucho mayor. Sin embargo esta consideración peyorativa de la ruralidad ha sufrido modificaciones como se verá en esta comunicación, una de las causas significativas sin duda es el proceso de desagrarización del medio rural sufrido de forma intensa en los últimos veinte años. Pero a dicho proceso también ha contribuido el incremento de estudiantes procedentes del medio rural, en términos globales se ha triplicado en tanto que el peso de la agricultura se ha reducido a menos de un tercio. Con la desagrarización ha desaparecido también la principal característica diferencial de la juventud rural y que, de alguna forma estigmatizaba este modo de vida: el predominio de la ayuda familiar y el fenómeno de la ocupación sin ingresos, situación que padecían en España dos de cada cinco ocupados del medio rural en 1984, veinte años más tarde este fenómeno ha casi desaparecido, lo que plantea la paradoja de que, con una tasa de actividad más reducida (a causa de la expansión de los estudios), los jóvenes rurales disfrutan hoy día de niveles superiores de independencia económica.

En relación con estos trabajos referidos al mundo de las orientaciones (Moyano Estrada y Pérez Yruela. 2002), hemos estimado necesario calibrar el peso de los factores simbólicos subyacentes que las nuevas generaciones asocian al mundo rural. Se pretende tener una visión de futuro de parte de la juventud y de la sociedad extremeña en general. El análisis parte de las respuestas a la pregunta “De la siguiente lista de palabras ¿Podría decirme, para cada una de ellas si a usted le evoca a la ciudad o al campo(%)”.

La representación grafica conjunta de los porcentajes válidos (Gráfico 3. no está aquí reproducido) permite una aproximación clarificadora de la representación simbólica. Así como la idea de “tranquilidad” se asocia rotundamente con el campo por un 99 % de los encuestados, en el lado opuesto, la idea “progreso” está identificada claramente con el medio urbano según el 94% de los encuestados.

Del conjunto de valores propuestos a los estudiantes rurales solamente tres se han identificado claramente como urbanos, de ellos sólo uno tiene matiz positivo: “el progreso”. Los otros dos tienen un marcado acento negativo: “la muerte” y “el miedo”. Resulta cuando menos paradójico que los jóvenes rurales vinculen ambos factores al medio urbano en una proporción tan importante.

Los valores que se asocian de manera más firme al medio rural son el de “la tranquilidad”, “la tradición” y “la libertad”. En este último caso, parecería que entra en contradicción a lo que comúnmente se asocia a lo rural, es decir, la vida en las zonas rurales que con frecuencia se asimila al control del individuo sometiendo a escrutinio de los vecinos en cada una sus actuaciones y que tiende a reducir la capacidad innovadora. Otros valores que los informantes relacionan también en un elevado porcentaje al medio rural son “la salud”, “la belleza” y “la soledad”.

En tercer lugar, podemos hablar de categorías ambivalentes, que se pueden atribuir a los dos ámbitos: “el trabajo”, “la igualdad”, “la religión” y “la jubilación”. Aunque los dos últimos conceptos están tradicionalmente más vinculados a lo rural, ahora no lo están de forma contundente como pudiera ocurrir en otras épocas.

Tratando de incrementar el potencial explicativo de los datos, hemos elaborado los indicadores sobre percepción simbólica[4]. Concretamente hemos construido dos tipos de indicadores: indicador de percepción simbólica rural (ipsr) y el indicador de percepción simbólica urbano (ipsu).

El resultado es que tanto los estudiantes de los IES como los universitarios extremeños presentan puntuaciones positivas en el indicador de percepción simbólica rural (ipsr) 0,033, aunque esta puntuación esté lejos del nivel máximo. En correspondencia, como no podía ser de otra forma, el ipsu es negativo en ambos subgrupos, en total la puntuación es de -0,042. Los indicadores hallados para cada subgrupo admiten un matiz: así como estudiantes de IES y de Universidad puntúan el ipsr con valores positivos similares (0,023 y 0,034 respectivamente) en cuanto a la percepción de los valores mundo urbano, ambas submuestras se presentan con valores negativos; siendo más negativa en la submuestra de estudiantes universitarios de manera muy significativa (Tabla nº 1). Por tanto, la percepción negativa hacia la vida urbana se incrementa en los jóvenes que como los universitarios ya están inmersos en ella.

Cabe inferir que la representación simbólica de los jóvenes estudiantes del mundo rural sobre su medio es de carácter positivo, que aunque no es muy elevado, en general si destaca si se le compara con el ideario simbólico que tienen respecto del medio urbano.

Los resultados y el procedimiento utilizado para la elaboración de los indicadores se pueden ver en las tablas 1 y 2. La tabla 1 presenta la distribución porcentual de los “apoyos” que los dos subgrupos de estudiantes, por separado dan a cada concepto-valor vinculado al “mundo rural”. Seguidamente, el porcentaje se multiplica con el ponderador (+1 ó -1) que hemos otorgado a cada concepto-valor, a fin de obtener el indicador correspondiente para cada subgrupo. En la tabla 2 se realiza el mismo procedimiento pero en este caso para obtener el indicador referido al medio urbano, también para cada subgrupo de jóvenes rurales. El interés de las tablas reside en que ofrece un detalle pormenorizado de los valores porcentuales que recibe cada concepto-valor por parte de los encuestados que para análisis específicos ulteriores pueden ser necesario tenerlos en cuenta; además, permiten visualizar el proceso de construcción de indicadores para cada subgrupo. Por ejemplo, las variaciones que se producen en el Ipsr (Tabla 2) entre los alumnos de IES y los universitarios, se basan en la diferente apreciación que cada subgrupo tiene de algunos conceptos, en concreto el de la “soledad” y el de “la jubilación”. Los alumnos más jóvenes, los de secundaria, asocian más claramente “la soledad” al medio rural que los jóvenes universitarios, en cambio el concepto de “jubilación” es asociado al medio rural con más intensidad por los universitarios que por los alumnos de los IES.

Tabla. 1.- Indicador de percepción simbólica del mundo rural (ipsr)

ALUMNOS DE IES (ESO/BACHILLERATO)

ALUMNOS UNIVERSITARIOS

Fuente: Proyecto de investigación: “Redes sociales e intangibles en el desarrollo rural. Iniciativa empresarial, formación y desarrollo sostenible en Extremadura” Rfe.- B500 2002 -008111. Periodo 2002-2005. Ministerio de Ciencia y Tecnología.

La tabla 2, al igual que la anterior, expone la distribución porcentual de los “apoyos” que reciben los conceptos-valor de identificación con el mundo urbano por parte de cada subgrupo. Evidentemente, debe ser complementario con los valores de la tabla 1, por cuanto que p=q-1.

Tabla. 2.- Indicador de percepción simbólica del mundo urbano (Ipsu)

ALUMNOS DE IES (ESO/BACHILLERATO)

ALUMNOS UNIVERSITARIOS

Fuente: Proyecto de investigación: “Redes sociales e intangibles en el desarrollo rural. Iniciativa empresarial, formación y desarrollo sostenible en Extremadura” Rfe.- B500 2002 -008111. Periodo 2002-2005. Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Para reforzar el argumento de la interrelación de valores y señalar el peso que adquieren los relativos a la postmodenidad o lo que es lo mismo, los relativos a la nueva funcionalidad de la ruralidad, presentamos la tabla 3, dónde los jóvenes estudiantes rurales tienen la oportunidad de comparar la calidad de vida en el medio rural en relación con lo urbano, hemos medido a través del índice de percepción de la calidad de en el medio rural (Ipcvr). El concepto de “calidad de vida” se puede descomponer a efecto operativos, al menos, en tres dimensiones: la percepción de agradabilidad del medio rural (dimensión 1), la referida al tipo de relaciones que se establecen en este medio (dimensión 2ª), y la referida a la percepción de seguridad (dimensión 3ª). Para su medición se han confeccionado los indicadores correspondientes: el primero referido a la “agrabidilidad” del medio rural, el segundo relativo a la “humanidad” de citado medio y, el tercero el de “seguridad”. La convergencia de los tres indicadores podría darnos idea de la percepción que se tiene sobre la”calidad de vida” en las zonas rurales. La puntuación que se obtiene en todos ellos es elevada (siendo los límites de estas medidas de 0 a 1), los tres indicadores se sitúan en torno a 0,75. El análisis de las respuestas no ofrecía diferencias significativas en cuanto a los dos subgrupos (secundaria y Universitarios), por lo que evitamos reproducir estas distribuciones.

Tabla 3.- Indicadores de percepción de “calidad de vida rural”.

PROPOSICIÓN

INDICADOR

Valor

(rango 0-1)

ÍNDICE DE PERCEPCIÓN DE “CALIDAD DE VIDA”

(Ipcvr)

Dimensión 1.- La vida en los pueblos es más agradable que la vida en la ciudad

Indicador de

“Agradabilidad”

0.75

0,75

Dimensión 2.- Las relaciones entre la gente son más humanas en los pueblos que en las ciudades

Indicador de “Humanidad”

0.77

Dimensión 3.- La vida en los pueblos es más segura.

Indicador de “Seguridad”

0,73

Fuente: Proyecto de investigación: “Redes sociales e intangibles en el desarrollo rural. Iniciativa empresarial, formación y desarrollo sostenible en Extremadura” Rfe.- B500 2002 -008111. Periodo 2002-2005. Ministerio de Ciencia y Tecnología.

Epílogo.

En su conocido libro, “La imaginación sociológica” Wright Mills, se toma su tiempo para desbaratar el modelo funcionalista radical de Parsons, una de las críticas que lanza sobre este es precisamente a la consideración que hace de los valores y las normas. La conclusión de Mills es definitiva: “lo que Parsons y otros grandes teóricos llama “valores-orientaciones” y “estructura normativa” se refieren principalmente a los símbolos de legitimación del amo” (W. Mills. 1959:55). En la base está el conflicto social, el cambio y la gestión del poder, porque normas, valores y símbolos no son autónomos de la estructura social. La significación social de estas, digámoslos así, estructuras intangibles, reside en opinión de Mills en su uso para justificar la organización del poder y las situaciones que dentro de ella ocupan los poderosos, o para oponerse a ella. En esto radica también la importancia psicológica de los sistemas normativos y de los valores-orientaciones. Frente a la pretensión integracionista parsoniana, la critica estructuralista de Mills, sitúa el papel que juegan estos artificios sociales “no podemos suponer meramente que una serie de estos valores, o legitimaciones, deben[5] prevalecer por miedo de que una estructura social se divida, ni debemos suponer que una estructura social deba hacerse coherente o unificada por ninguna “estructura normativa” parecida”. Ya que ninguna estructura normativa que prevalezca en una sociedad es, en ningún sentido, enfatiza Mills, autónoma, sino más bien todo lo contrario, son reflejo, justificación o explicación de modos de vida y expectativas vitales de la gente. Solamente en este contexto debemos ubicar la relatividad de los valores que aunque desposeídos aparentemente de referencias tangibles como son los que se abordan en esta comunicación, están en íntima dependencia de las estructuras sociales.

BIBLIOGRAFIA

BERICAT ALASTUEY, E. (2002): “Valores tradicionales, modernos y postmodernos en la sociedad andaluza” en Moyano Estrada Y Pérez Yruela: La sociedad andaluza 2000, IESA (CSIC)s Junta de Andalucía. 2002

DIAZ MENDEZ, C. (2004): El arraigo de las mujeres jóvenes rurales: construyendo una nueva ruralidad. Actas del VI Congreso Vasco de Sociología.

GONZALEZ, J. J., GÓMEZ BENITO, C., GARCÍA BARTOLOMÉ, J. M. (2002). “La juventud rural: una mirada retrospectiva”, en González, J. J., Gómez Benito, C., Agricultura y sociedad en el cambio de siglo. McGraw Hill. 2002

GONZALEZ BLASCO (1986): “Medir en ciencias sociales”, en García Ferrando, El análisis de la realidad social, Alianza editorial. 1986.

MOYANO ESTRADA Y PÉREZ YRUELA (2002) La sociedad andaluza 2000. IESA.

MOYANO ESTRADA, E. (2001): El concepto de capital social y su utilidad para el análisis de las dinámicas del desarrollo. En VII Congreso Español de Sociología. FES.

WRIGHT MILLS, C. (1959): La imaginación sociológica. Fondo de Cultura Económica.


[1] .- Proyecto de investigación: “Redes sociales e intangibles en el desarrollo rural. Iniciativa empresarial, formación y desarrollo sostenible en Extremadura” Rfe.- B500 2002 -008111. Periodo 2002-2005. Ministerio de Ciencia y Tecnología.

[2].- El indicador permite sintetizar en un solo valor numérico la posición de los encuestados, recogiendo los “apoyos” que los informantes dan a cada categoría de respuesta. Los indicadores confeccionados para este caso tienen un rango de fluctuación de 0 a 1.

Para la construcción de un indicador se sigue la siguiente formulación:

I= (%Mucho´4)+(%Bastante´3)+(%Algo´2)+(%Poco´1)+(%Nada´0) / 400

[3].- Hemos de advertir que no existe una distribución comarcal comúnmente admitida. Para este estudio nos hemos servido de la distribución que utiliza la Consejería de Educación de la Junta de Extremadura sobre las áreas de influencia de los IES. Se han realizado modificaciones al objeto de agrupar algunas comarcas para no hacer una lista interminable.

[4] .- La pretensión es obtener una información con posibilidades de comparación: se trata de sintetizar el conjunto de datos en uno o dos dígitos que además puedan ubicarse en un punto concreto dentro de una escala cuyos límites dan idea del alcance que tiene. La principal limitación de este procedimiento es, sin duda, no disponer de una secuencia temporal de mediciones que permitan analizar la evolución y prever las tendencias. Para la construcción de estos indicadores hemos seleccionado los diez conceptos que presentan un mayor grado de identificación con uno u otro extremo del continuo “ciudad – campo”. Dado el carácter dicotómico de las categorías a escalar, el rango del indicador es de –1 a + 1. Como se sabe un indicador no es un porcentaje, es un gradiente que presenta la ventaja de agrupar las posiciones en un solo valor y escalarlo. Se ha seguido, para su construcción, a González Blasco (1986:231) para el supuesto de variables nominales dicotómicas asignando pesos, positivos o negativo, a cada concepto.

[5] .-La cursiva es de Mills

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