Entrevista publicada por el periódico HOY a nuestro compañero Jesús Moreno, sociólogo

«Hay miedo a meterse en política, se piensa que te van a tachar o que vas buscando dinero»

«Seguimos pidiendo la creación de un instituto regional de estudios sociales»

Publicado en HOY el 15.01.11 - 00:17 | JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ | REGIONAL

Junto al hombre de la calle

Le gustan los informativos de la tele, las películas del oeste y la novela histórica. Ha sido durante años directivo de la Asociación de Ciencias Sociales de Extremadura. Por las mañanas reza, lee el Evangelio y prepara sus clases. El resto del tiempo, para Cáritas y su parroquia.
-Cuando estuvo interno en el Seminario ¿qué es lo que peor llevaba?
-Estuve diez años. Y a mí me costaba mucho lo de estar encerrado. Y el seminario era un internado. Bien es verdad que entonces salíamos mucho al campo, teníamos un gran campo de fútbol que era la envidia de todos los centros y en cuanto había un rato de recreo, a jugar a aquellos jardines. Echábamos muchas horas detrás de la pelota.
-¿Qué programas de televisión recuerda de niño?
-En la tele he tenido dos grandes aficiones: el fútbol y las películas del oeste.
-O sea, que se acordará de la serie ‘Bonanza’.
-Exactamente, ‘Bonanza’ y la película que ponían los sábados por la tarde, porque no podíamos ver la televisión tanto como ahora, teníamos un horario para la televisión. Los sábados por la tarde podíamos verla. Así que el fútbol y el cine.
-¿Le hubiera gustado hacer una carrera técnica?
-Bueno, en los estudios he tenido dos partes: los estudios eclesiásticos, los del seminario, y luego Sociología. Los estudios eclesiásticos los acabé pronto, con 21 años, y entonces estaba de obispo don Jesús Domínguez y su idea era que quienes acabábamos pronto y teníamos que esperar unos años para ordenarnos de sacerdote, hiciéramos otra carrera.
-¿No se podía ordenar nada más terminar los estudios?
-Hasta los 24 años no te podías ordenar. Había dos o tres años que normalmente se utilizaban para ampliar estudios. Y yo tenía idea de especializarme en la Biblia, porque siempre me ha interesado mucho el conocimiento de la Biblia. Pero don Jesús tenía la idea de que los más jóvenes hiciéramos alguna carrera civil. Y nos habló de Psicología, Sociología, Periodismo… Recuerdo que él quería que yo estudiara Periodismo y que le dije: «Don Jesús, yo es que escribo muy mal, a mí me cuesta mucho redactar». Y entonces dijo: «Pues mira a ver si Sociología». Y en un verano que estuve trabajando de camarero en Madrid, entonces los estudiantes aprovechábamos para sacar unos dineros, me llevé un libro de sociología y me enteré de qué era eso y al volver en septiembre ya había decidido que era lo que estudiaría. Cursé los estudios en la Pontificia, en León XIII, en Madrid.
-¿Y en los veranos cuando iba a Perales del Puerto ayudaba algo en las tareas de la familia?
-Sí, mi padre era albañil. Ya está jubilado. Y mi hermano el mayor y yo siempre que podíamos le ayudábamos en la obra. La cosa de la
albañilería un poquito sí se me da. El trabajo fino no, pero lo que hacía el peón desde luego. Y en el invierno en la Sierra de Gata ya sabes que está la aceituna y recuerdo que desde niño, desde antes incluso de tener uso de razón, recuerdo haber ido con los mayores a coger la aceituna. Y a otros oficios del campo.
-Pero no iría a los bailes, a las discotecas…
-Bueno, cuando yo era seminarista, en los últimos años, no te decían que no fueras. Había ya un clima de libertad y en tu tiempo libre, en el pueblo, tú hacías lo que querías. Además es que no se me ha dado a mí muy bien bailar. De hecho, si iba con los amigos, me quedaba a lo mejor en la barra tomando una cerveza y ellos bailaban, pero nunca he tenido inconvenientes por hacer vida con los amigos y las amigas.
-¿A qué edad salió por primera vez al extranjero?
-Yo no he salido mucho al extranjero, dicho sea de paso. Era muy pequeño cuando fui a Francia porque mi padre estuvo viviendo en Irún. Mi pueblo e Irún debían de hermanarse porque hay tantos peraliegos en Irún como en Perales. Mucha familia mía está en Irún. Entonces mi padre intentó también irse a trabajar a la construcción a Irún y pasaba a Francia a trabajar. Pero a mi madre y a mí no nos sentaba bien el clima porque éramos asmáticos y la humedad del Cantábrico nos venía a matar… y estuvimos nada más que dos o tres meses. Tendría yo cuatro años y medio y casi no me acuerdo. Tenía ya 19 años cuando fui a Alemania en un intercambio, en el mes de julio de 1978, con un grupo de jóvenes de aquí, chicos y chicas. Los alemanes habían estado aquí el verano anterior. Para mí era un mundo diferente. Todavía estaban las dos Alemanias…
-Hace 15 años pedía que se creara un instituto regional de estudios sociales.
-Y lo seguimos pidiendo.
-¿Cree que esa parcela no está bien atendida?
-No está bien atendida. Nosotros tenemos una asociación de Ciencias Sociales, ACISE, y pensamos que no está bien atendida. Creemos que en Extremadura, y yo participo de esa idea, se generan acciones políticas pero a veces no están bien fundamentadas en estudios sociales. Es una apreciación general. Se hacen estadísticas, hay publicaciones estadísticas, pero muchas veces es un refrito de números, lo mismo del INE, o de la EPA, y se sacan desglosados de Extremadura, pero no aportan gran cosa al conocimiento de los problemas. Nosotros pensamos que para aportar soluciones hay que conocer… hay que hacer un buen diagnóstico y eso en Extremadura creo que no está bien cuidado.
-¿Cree que vamos hacia una religiosidad ‘light’ o sencillamente el laicismo gana posiciones en la sociedad?
-Creo que son las dos cosas. Mucha gente que ordinariamente se declara ‘católico-no practicante’ en muchos aspectos de su vida vive como si Dios no existiera, con lo cual entraría dentro de ese conjunto que llamamos laicismo o de estar apartado de Dios, no tener a Dios en cuenta. Pero después en ciertos momentos de su vida dicen: yo soy católico a la hora de hacer la comunión, de bautizar al niño, de hacer el entierro… y a eso es a lo que llamamos una práctica religiosa sin un compromiso, sin una acción personal. Eso es la religiosidad ‘light’, tomando la comparación con las bebidas ‘light’, que no hagan mucho daño, que no me comprometa, que no me exija, pero que me refresque. En este momento necesito de Dios y echo mano de él. Y no tanto de Dios, sino del ritual que acompaña a eso. Así que yo creo que las dos cosas; va ganando el laicismo pero va ganando también la religiosidad ‘light’, porque en mucha gente van juntas.
-¿La fe ahora es más privada que hace años?
-Hay un sociólogo de la religión, Thomas Luckmann, que hablaba de eso en su obra ‘La religión invisible’, de 1967 y editada en España en 1973. Es una característica histórica que ya se da aquí, la privatización de la religión. La religión es una práctica individual, son creencias individuales e incluso, por fuera, la opinión pública y a veces la Administración procura que sea una afición individual pero que no tenga expresión pública.
Creo que estamos en ese momento.
-Eso choca con la tradición, porque antes era todo lo contrario, se blasonaba de la fe religiosa ¿no?
-En el fondo es una especie de esquizofrenia práctica. Tú eres una persona individual, que tiene una familia, un trabajo, unas relaciones políticas, sociales, entonces, si decimos que la fe abarca toda la persona, no puede quedar una dimensión fuera de eso, salvo que manipulemos la religión para hacerla a mi manera, a mi capricho; entonces en esta circunstancia privada soy creyente y en la circunstancia pública no lo soy. Eso sería una barbaridad y en concreto, lo que son las religiones bíblicas, no solo el cristianismo, sino también el judaísmo, se dan de bruces con ese tipo de religiosidad. Cada uno debe vivir lo que cree y vivirlo intensamente en todas sus facetas. No puedes decir, ahora para contentar entre comillas a Dios le doy una limosna a este que me encuentro en la calle pero después le doy un salario penoso a mi empleado. Eso es una contradicción. Allí soy bueno y en la esfera pública, en la esfera de la empresa, soy injusto. Eso es una contradicción. Y somos así los seres humanos muchas veces.
-Ha sido cura en Aldea Moret.
-Sí, estuve siete años.
-¿Y qué ha aprendido de esa feligresía?
-Pues que hay una gente estupenda. He aprendido que respecto a los colectivos, a los barrios, una cosa es la imagen que se tiene de ellos y otra la realidad. Siempre cuando se generaliza se está mintiendo. Cuando se dice «el minero, el gitano», esos no existen, existen las personas concretas. Hay mucha más bondad y mucho más compromiso en la gente de lo que se cree. Y una conclusión que he sacado siempre es que Aldea Moret es producto de la vida de Cáceres. A Cáceres le viene bien que haya ahí un sitio en donde arrinconemos a los que nos estorban, a los que estaban al lado de la carretera afeando la entrada de los turistas y había que colocarlos en un sitio donde no se vean. Pero hay mucha bondad en esa gente. Hicimos un estudio sociológico de Aldea Moret y una de las cosas que vimos es que muchas veces las políticas que se han llevado a cabo ha sido sin contar con ellos y entonces están llamadas al fracaso. Porque nosotros trasplantamos nuestra idea de bienestar, esa que circula en la mayoría, a todo el mundo. Yo viví en julio de 1996 esa situación, que los diarios sacaban en primera página: «Se acabó el chabolismo en Cáceres. Se han dado las 721 viviendas en Aldea Moret». Eso lo leí estando en el campamento con los niños y cuando vine en agosto empiezo a tomar otra vez el pulso al barrio y veo que los primeros que estaban molestos eran los gitanos que habían recibido las viviendas. Y se quejaban: «Con lo bien que estábamos nosotros en El Carrucho, que teníamos allí para apartar la fruta, para guardar el burro, para tener el gallinero… Podíamos hacer lumbre y sentarnos las cuatro o cinco familias, y aquí no, mire usted dónde nos han metido». Eso lo escuché yo. Y pensaba ¡ con el dinero que se ha gastado aquí! El problema de no analizar la realidad antes… Si nosotros tuviéramos en cuenta la gente a la que dirigimos nuestra acción política y contáramos no solo con el número sino con su mentalidad, sus costumbres y con el modo de vida económico, a lo mejor hacíamos la vivienda de otra manera. Eso lo viví yo allí. Ha habido un gasto enorme, pero no ha estado bien orientado.

Nuestro colega en otro momento de la entrevista

-Hace cuatro años publicó una tribuna de opinión en la que reclamaba el compromiso de los cristianos con la política, a pesar del desprestigio que sufre…

-Pues tiene actualidad ese artículo. Estoy pensando en hacer otro [risas], pero es que casi escribiría lo mismo. Creo que hemos avanzado poco. A los cristianos nos está pasando lo que a todo el mundo, hay un repliegue y no queremos mancharnos las manos donde huela mal. Hay miedo a meterse en política en general. La gente más comprometida o tiene una vocación muy grande o piensa, yo ahí no me meto porque me van a tachar o piensan que voy buscando dinero. Y los cristianos también tenemos miedo de meternos en política.
-Cuando desde Cáritas atiende a la gente que no tiene nada ¿se siente más escéptico respecto a cómo funciona la sociedad?
-Un poco sí. Uno tiene la sensación de que a veces no se organiza bien lo que son las prestaciones sociales, tenemos un sistema de protección social que a veces no se organiza bien, que se gastan muchos recursos pero que no se aprovechan bien. Hay mucha burocratización en todo, falta un contacto directo con las personas. Lo que aquí llamamos el seguimiento, el tutelar a las personas.
-Ahora ya no se dice eso de «vive como un cura».
-[Risas]. No, yo creo que eso ha cambiado bastante. Claro, es que antes en el pueblo el cura, el médico y el boticario era la trilogía básica, los que mejor vivían, aunque a lo mejor no era tanto, pero tenían la fama; como no eran trabajadores manuales ¿no?
-¿Qué coche tiene?
-Un Citroën Xara del año 2000. Ya tiene diez años.
-Como lector, si tuviera que elegir un libro, ¿cual eligiría?
-¿Que no sea la Biblia, ni los periódicos? Porque yo siempre digo que el cura tiene que tener debajo de un brazo la Biblia y en el otro los periódicos. Y preparar la homilía con las dos cosas. Yo leo todos días los dos periódicos regionales. Tengo la manía de recortar y tengo siete carpetas de recortes de periódicos, clasificados por fechas.

 

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