Reportaje en HOY sobre población con la participacion de nuestro compañero Marcelo Sánchez-Oro

La pirámide de población se da la vuelta

La región tendrá en una década un 20% menos de jóvenes y un 40% más de mayores de 85 años, según la previsión del INE
22.12.13 – 00:17 –

ANTONIO ARMERO | HOY

HABLAN LOS EXPERTOS

ANTONIO PÉREZ PROFESOR UEX
«Me parece que el escenario que el INE maneja para la región es excesivamente optimista»
M. SÁNCHEZ-ORO PROFESOR UEX
«La movilidad laboral aquí es inferior, pese a que tenemos también rentas más bajas»

En una región acostumbrada a las decepciones demográficas, los datos que el INE dio a conocer hace unos días constituyen una noticia tan buena que resulta sorprendente. Según las proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadística, Extremadura envejecerá mejor que el conjunto de España. Ya quisieran Madrid, País Vasco o Cataluña estar dentro de diez años como esta comunidad autónoma, que de entrada, perderá menos habitantes que casi todas las demás. Y aunque tendrá bastante menos treintañeros que ahora, la reducción porcentual en este tramo de edad será generosamente inferior a la que experimentarán otras regiones.

En la comunidad autónoma hay 138.000 veinteañeros y 175.000 personas que tienen entre 20 y 29, según las últimas cifras oficiales. En el año 2023, serán 110.000 y 140.000 respectivamente, vaticina el INE. O sea, habrá un veinte por ciento menos que ahora, lo mismo en una horquilla que en la otra. España padecerá una merma casi idéntica en términos relativos en lo que se refiere a veinteañeros. Pero el panorama será bien distinto entre los que tienen de 30 a 40 años. Ahí, la caída no será del veinte por ciento, sino del 37, casi el doble que en Extremadura.

Aunque no del mismo calado, en el otro extremo de la pirámide poblacional también hay buenas noticias para la región, que ahora tiene 31.000 mayores de 85 años y tendrá 44.000 dentro de una década. Es decir, un incremento del 40,6 por ciento, tres puntos inferior al que se vaticina para el conjunto del país. También el descenso demográfico será menor en la región que en España. En el año 2023, en Extremadura vivirán 1.070.000 personas, que son 31.000 menos que las que hay ahora empadronadas. O lo que es lo mismo, una caída del 2,8 por ciento, justo la mitad que la que sufrirá el conjunto del país. Así será siempre que el Instituto Nacional de Estadística no se equivoque.

«Seguramente, el trabajo del INE es técnicamente intachable, pero en mi opinión, en el caso de Extremadura maneja un escenario excesivamente optimista», opina Antonio Pérez Díaz, profesor titular de la UEx y autor de varias publicaciones que abordan la cuestión demográfica en la región desde diferentes perspectivas. «El aumento del número de personas mayores de 85 años es natural -reflexiona-, se debe entre otros motivos a la mejora de la esperanza de vida, y el dato regional está en la línea del nacional, pero no sucede lo mismo con el que se refiere a la franja de edad de los treinta a los cuarenta años». En ese tramo resulta especialmente importante tener en cuenta un elemento de gran influencia en este ámbito: las migraciones. Porque el mayor número de variaciones residenciales se da precisamente en este grupo de edad.

En el caso extremeño, históricamente ha tenido más peso la emigración que la inmigración, y en los últimos años se han venido manteniendo constantes tanto el número de los que se iban como el de los que venían. La diferencia entre la suma de unos y la de otros es el saldo migratorio, que habitualmente venía siendo positivo. Sin embargo, esa tendencia se rompió en el año 2011, el primero desde 2002 en el que resultó negativo, esto es, se fue de la región más gente de la que vino.

«La proyección del INE -explica Antonio Pérez- parte de las tasas migratorias actuales, que son bajas para lo que es habitual en la región, y de hecho, considero que volveremos a las tasas históricamente más normales en cuanto pase este periodo de crisis». «El escenario previsible -continúa- es que sean otras regiones, y no la nuestra, las que empiecen a generar empleo, y serán nuestros jóvenes los que saldrán hacia esas comunidades autónomas, es decir, la tasa de emigración aumentará». Al final, cree el experto, no habrá en Extremadura dentro de una década un veinte por ciento menos de treintañeros, sino que la caída será mayor y estará más cerca de las tasas que se anticipan para el conjunto del país.

Los jubilados del año 2023

En su opinión, la región tendrá en el año 2023 un índice de envejecimiento que rondará el 150 (150 mayores de 65 años por cada cien jóvenes menores de 15). En la actualidad, este baremo está en 136. «El fenómeno del envejecimiento -analiza Antonio Pérez- se agudizará porque dentro de diez años empezarán a jubilarse buena parte de quienes hoy ocupan el grueso de la pirámide de población extremeña».

El sociólogo Marcelo Sánchez-Oro, también profesor de la Uex y autor de varios libros sobre fenómenos demográficos y sociológicos en la región, cree que las proyecciones del INE contienen información que, antes de ser valorada, obliga a profundizar en las variables empleadas para llegar a esas conclusiones. Con esta prevención por delante, sí se atreve a plantear algunas hipótesis que ayuden a explicar los resultados referidos a Extremadura.

«Una explicación al hecho de que entre los treinta y los cuarenta años, la disminución aquí sea inferior hay que buscarla en las características propias de la región -argumenta el experto-, entre ellas una mentalidad tradicional que vincula fuertemente la población a la familia y al territorio, y donde la movilidad laboral, pese a todo, es menor que en otras regiones, pese a tener en términos relativos unos niveles de renta sensiblemente inferiores».

Otra posible explicación, continúa Sánchez-Oro, tiene que ver con los flujos migratorios. Él recuerda que la inmigración nunca ha tenido una gran incidencia en la demografía extremeña, pues no suele superar el tres por ciento, mientras que en la mayoría de las regiones españolas acostumbra a oscilar entre el 7 y el 14 por ciento. Dado que el resto de valores que intervienen en la demografía (natalidad o mortalidad, entre otros factores) no sufren vaivenes importantes, el resultado es que los cambios, para bien o para mal, suelen ser suaves, con tasas de variación bajas. Y eso, a veces, supone una alegría. Sólo falta comprobar si el INE acierta.

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