Presentación de libros del Profesor Tomás Calvo Buezas en la FUNDACIÓN ACADEMIA EUROPEA DE YUSTE

Presentación de libros del Prof. Tomás Calvo Buezas en la FUNDACIÓN ACADEMIA EUROPEA DE YUSTE.

La Real Academia de Extremadura y la Fundación Academia Europea de Yuste han organizado la presentación de los libros del Catedrático extremeño D.Tomás Calvo Buezas:

  • ‘Immigration in the United States and Spain: Considerations for Educational Leaders’
  • ‘Inmigrantes en Estados Unidos y en España: Protagonistas en el siglo XXI’
  • y ‘Musulmanes y Cristianos conviviendo juntos’

El acto tuvo lugar en la sede de la Real Academia de Extremadura, en la ciudad de Trujillo, el día 27 de mayo de 2011 a las 19.00 horas y estuvo presidido por el Director de la Real Academia de Extremadura, Excmo. Sr. D. José Miguel Santiago Castelo.

Intervinieron D. Manuel Pecellín Lancharro, D. Marcelo Sánchez—Oro Sánchez, D. Antonio Ventura Díaz Díaz y D.Tomás Calvo Buezas.

Video de la presentación

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Entrevista del periódico HOY a nuestro compañero José Ignacio Urquijo Valdivieso, director de ALMENARA

José Ignacio Urquijo  Sociólogo, profesor y diácono

José Ignacio Urquijo Sociólogo, profesor y diácono

Por JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ | HOY|112.02.11 – 00:12

Vasco de nacimiento y enamorado de Extremadura, durante años fue el único diácono permanente de la región y el más joven de España.

A pesar de su aspecto formal y de la seriedad de su discurso, José Ignacio Urquijo deja brotar espontáneamente una vena humorística que salpica la conversación. Delegado de Educación y Enseñanza en el nuevo equipo que designó en 2008 el obispo de Coria-Cáceres, en su experiencia conviven la fe religiosa y el compromiso social.

EL PERFIL

Misionero seglar, profesor, escritor

Nacido en Llodio (Álava) en agosto de 1960, José Ignacio Urquijo
Valdivieso simultaneó en la Universidad de Deusto durante unos años los
estudios de Derecho y Teología, en los que se diplomó, y posteriormente
se licenció en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad
Pontificia de Salamanca. Miembro de una familia de seis hermanos y
casado con una médica «cacereña de toda la vida, como el alcalde
Saponi», según apostilla con humor, Urquijo fue uno de los
cofundadores, a principio de los años noventa del pasado siglo, de la
oenegé Personas. Él había conocido a su mujer cuando ambos se
preparaban en Madrid para su tarea como misioneros seglares. Y por los
azares de la vida, en vez de viajar a Venezuela, donde estaba previsto,
ambos coincidieron en la República Dominicana y se hicieron novios.
«Ella llevaba un dispensario médico, con muchísima atención sanitaria,
gratuita, porque el dispensario era parroquial». Durante siete u ocho
años, hasta que nació uno de sus hijos, estuvieron viajando todos los
veranos uno de los dos y a veces la pareja. Así fue como surgió la
oenegé Personas, «con el apoyo de amigos y de muchos cacereños», para
centrarse en planes de nutrición y escolarización de niños mediante el
apadrinamiento.

Autor de una divertida novela ‘El deán Corominas’, que es un
homenaje a la iglesia católica y al pueblo judío y que está ambientada
en Extremadura «porque es la tierra donde tengo dos pies firmemente
plantados, donde está mi corazón, mi mujer, mis hijos, y es la tierra
que me da de comer», tiene escrita otra, ‘La encomienda del Rey
Fernando’, ambientada en el Trujillo de la Reconquista.

Vicepresidente de la Asociación de Ciencias Sociales de Extremadura
(ACISE), dirige ‘Almenara’, la revista de esta asociación, y ha
publicado también, fruto de su labor en el mundo de las oenegés para el
desarrollo un libro sobre cooperación internacional desde Extremadura:
‘Un nuevo milenio, dos viejos mundos’. Profesor de Religión en el IES
Hernández Pacheco; ha dado clases de Sociología en la Uned de Plasencia
y en la actualidad de Antropología en el Instituto de Ciencias
Religiosas ‘Santa María de Guadalupe’, dependiente de la Universidad
Pontificia de Salamanca.

«No podemos quedarnos a la espera de que nos den las cosas hechas»

«No sé si hay más gente que acude a la religión como refugio, pero la religión ayuda a pasar los malos tragos»

-¿Es aficionado a los juegos de azar?

-No. Me cuesta comprar la lotería de Navidad. Me gustaba jugar mucho al mus.

-Como buen vasco…

-Sí, pero aquí también hay muy buenos jugadores, ¡eh!

-¿La política directa le ha tentado alguna vez?

-Mucho.

-¿Y no ha caído?

-No he caído todavía. [Risas]. Hay una tradición política en mi
familia desde hace mucho tiempo. Mi hermano es político en activo en el
País Vasco, mi hermana lo ha sido, mi abuelo lo fue, tengo amigos muy
metidos en la política, en distintos partidos también…

-¿Y en su familia se dan orientaciones diversas?

-Hay un par de orientaciones, no demasiadas.

-Habrá algún nacionalista…

-Alguno hay, pero los tenemos muy controlados. [Risas]. Y sí me
tienta la política. Porque la acción política busca la transformación
del ser humano y sobre todo en sociedad. Para mí es un punto muy
importante de mi programa como cristiano. Aparte, creo que hemos dejado
mucho la política en manos de políticos profesionales. Hay una cierta
partitocracia, pero no porque haya sido buscada directamente por la
gente de los partidos políticos, es que los hemos abandonado.

-Quizás porque ha renunciado la sociedad civil ¿no?

-Es que en España renuncia la sociedad civil, renuncia a participar
en tantas y tantas organizaciones como son las sindicales, las oenegés,
las de jóvenes, las culturales, las políticas… Si no hay, quedan
cuatro en cada cosa que son los que tienen que funcionarizarse para que
esto funcione. Luego nos quejamos, ¡pero si no participas! Si no
votas… es legítimo no votar, pero entonces no te quejes mucho. Si no
trabajas… Los movimientos sociales están muy poco nutridos por la
sociedad, pero todos.

-En 1998, cuando tenía ya dos hijos, se convirtió a los 38 años de edad en el único diácono permanente de Extremadura y en el más
joven de España.

-Así es. No fue buscado. Yo había estado a mediados de los ochenta
en el ámbito de la cooperación como misionero católico seglar, donde
conocí y me casé con mi mujer, que es cacereña. Ese es el motivo de que
esté aquí, en Cáceres, que es mi ciudad de adopción y mi tierra, porque
yo soy de Llodio, a doce kilómetros de Bilbao y toda mi vida y mis
estudios han sido en Bilbao.

-¿Y cómo fue la historia?

-Pues allí descubrimos, en Santo Domingo, en la República
Dominicana, una realidad eclesial no más avanzada pero sí distinta. No
había abundancia de clero, sino escasez. Entonces el laico tenía que
asumir labores diaconales muy fuertes. Y había ya bastantes diáconos
permanentes por influencia de Estados Unidos. De hecho, nosotros
llevábamos una parroquia y éramos laicos el equipo de chicos y chicas.
Al regresar a Cáceres, dado que tenía hechos los estudios teológicos
como laico (nunca fui seminarista sino que compaginé los estudios de
Derecho y Teología) y también un cierto currículum de servicio
eclesial, pues me lo planteé. Fui el primer diácono de Extremadura y he
estado once años en solitario.

-¿Qué encuentra en la religión que no halla en otros sitios?

-Pues mira, primero para mí es un motor de acción. En lo personal,
en lo cultural, en lo intelectual, en lo docente y en lo social. Porque
mi origen, el origen de toda mi inquietud social si es que la tengo, si
es que algo he hecho, poco, está en la creencia de que el ser humano es
fraterno y es hermano porque es hijo de Dios. Si no fuera en mi caso
por esta creencia religiosa en un Dios padre, evidentemente me
desfondaría. Porque me desfondo todos los días como todo el mundo, pero
el desánimo no me dejaría caminar. De esta manera tengo una visión no
plana de la realidad, sino trascendente. Partiendo de la base humana,
de las comunidades y de los movimientos sociales de todo tipo, no solo
eclesiales, tengo también una visión que me eleva y me permite avanzar.

-Seguimos recibiendo inmigrantes. ¿Para que hagan los trabajos que no queremos hacer los de aquí?

-Pero seguimos recibiendo en mucho menor grado. No como sociólogo,
que soy, sino como persona observadora, dándome un paseo por Madrid, a
donde ahora voy mucho porque están allí mis hijos estudiando, he notado
mucha menos presencia. En Madrid y Barcelona, que son los dos grandes
focos receptores de inmigración, y aquí en Cáceres también se puede
apreciar. Los que vienen seguramente vienen porque huyen de la muerte y
del hambre. Muchos van ya de paso a otras partes de Europa. Somos
puerta de entrada desde África muy fácil, muy cercana. Muchos no creo
que encuentren ahora trabajo. Y sí es verdad que han venido a hacer los
trabajos que no queremos hacer y es claro que en Extremadura nadie iba
a la cereza o al espárrago porque eran inmigrantes los que hacían esos
trabajos. Ahora no es tan fácil volver para atrás. Las personas somos
como somos y nos acostumbramos muy rápido a lo bueno. Cuidado ahora si
el español tiene que volver a tareas agrícolas que ya dejó atrás y que
son difíciles de recuperar. Aparte de cómo está el campo y la
rentabilidad que tiene…

-Cuando era niño, ¿qué quería ser de mayor?

-Pues no lo recuerdo bien. Siempre tuve una cierta idea de intento
utópico de cambiar el mundo. Nunca he tenido muy claro qué quería ser
de mayor. No quiero decir grandes frases, porque quería ser persona.
¿Ambiciones? Digamos que legítimas, siempre. Y la idea misionera desde
pequeño sí la tuve fuertemente enraizada por lazos familiares. Mi
familia es muy, muy, muy religiosa, con cantidad de vocaciones de todo
tipo. Ahora es un tipo de familia que existe menos, todos lo sabemos,
porque han cambiado las circunstancias. Entonces los misioneros eran
algo que atraía muchísimo. De hecho, a gente que ha tomado otros
caminos les oyes contar que en algún momento determinado de sus vidas
les hubiera gustado ser misioneros. El misionero es un transformador
social, aparte de un transformador espiritual. Yo no solo veo la
función social del cooperante o del cooperante católico misionero, sino
que hay algo más. Pero vamos ¿qué quise ser? De pequeño todo, todo lo
que veíamos en la tele.

-¿Y está conforme con lo que ha conseguido?

-Como no he llegado al final, el final solo sabe Dios cuándo vendrá,
estoy conforme pero inquieto. ¿Por qué? Porque creo que si llegamos a
la conformidad hemos acabado, se ha parado el coche o se ha bloqueado
el ordenador, como me pasó ayer por meter un antivirus… [Risas].
Estoy conforme en como va discurriendo mi vida pero -no quiero caer en
lugares comunes- lo mejor de mi vida ya ha pasado: son mi mujer y mis
dos hijos. No busco grandes transformaciones ni busco tampoco
ambiciones propias, que las tengo también, pero no son prioritarias
para mí.

-¿Alguna vez ha tenido la sensación de que se metía en un túnel sin salida?

-Sí, y de meterme en todos los charcos, también. Lo que pasa es que
si observas a tu alrededor, la gente que se mete en todos los charcos e
incluso a veces no ve la salida es la que va tirando del carro; no yo,
pero sí otros. Porque no podemos quedarnos en el inmovilismo ni a la
espera de que nos den las cosas hechas. Ahora mismo la sociedad está
desnortada, hay miedo, un miedo tremendo, hay mucho paro, no se mueve
nadie, que el Gobierno lo haga, que la Diputación lo haga… ¿Pero cómo
que lo haga? Si el Gobierno no es nadie, si la Diputación no es nadie,
ni el Ayuntamiento… Somos nosotros. Es de nosotros de donde tienen
que emanar dirigentes reales que muevan todo. Y evidentemente, hay
momentos en que no ves la salida del túnel o momentos críticos de
desesperanza en que todo se ciega y nada te apoya. Ahí es donde yo
encuentro el apoyo de mi religión y por supuesto de mi familia, en el
mismo plano. Desesperanzas, muchísimas; desengaños y fracasos, casi
todos los días, pero el que ha hecho monte, el que ha hecho alpinismo o
el que sale a caminar sabe que las caídas son fundamentales para seguir
avanzando. E incluso el perderse para encontrar el camino. No hay un
solo camino para avanzar, hay muchos.

-¿Cómo imagina su etapa de jubilado?

-Me imagino trabajando, porque no creo que haya jubilación cuando
llegue. [Risas]. No pienso jubilarme jamás en la vida. Aunque como
jubilados a mi mujer y a mí nos gustaría volver al pie del cañón a las
zonas más desfavorecidas que haya, aquí o en en cualquier otro lugar
del mundo. Estamos recibiendo muchas ofertas de amigos misioneros y
misioneras que nos dicen venid a Brasil, venid a Benin, pero no podemos
en estos momentos, hay que financiar las carreras de los hijos,
etcétera. Puede ser que nos vayamos lejos, pero esa idea de irse lejos
para intentar transformar la sociedad… A veces el lejos está cruzando
Cánovas, está cerca. Hay personas necesitadas no solo económicamente,
sino afectivamente, religiosamente, al lado de nosotros, sin cruzar la
puerta de casa.

«No podemos quedarnos a la espera de que nos den las cosas hechas»«No sé si hay más gente que acude a la religión como refugio, pero la religión ayuda a pasar los malos tragos»

-José Ignacio, de las bienaventuranzas, ¿cuál es su preferida?

-Eso es muy difícil… Pues bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia.

-¿Qué le preocuparía más, perder su puesto de trabajo o caer en una depresión?

-Creo que sería peor caer en una depresión o en un desfallecimiento vital, no saber hacia dónde ir.

-¿Considera que alguna vez hemos estado mejor que ahora en materia de Derechos Humanos?

-¿A nivel nacional?

-Sí, a nivel nacional.

-Creo que no estamos mal en Derechos Humanos en cuanto a libertades
y garantía de las libertades. Pero si hablamos de derechos humanos
efectivos, que provienen de la realización a través del trabajo, a
través de la vivienda digna, eso no se está cumpliendo, claro. Y no por
la crisis, incluso antes de la crisis no se estaba cumpliendo. Vete a
hablarle de derechos humanos a un parado de larga duración. Vete a
hablarle de derechos humanos al chaval que acaba Periodismo este año en
la Complutense y se encuentra que ni de becario… De todas formas creo
que estamos relativamente bien. No soy de esos pesimistas amargados.
Estamos pasando una mala fase muy gorda, pero no son malos tiempos. El
ser humano nunca ha tenido tanta conciencia, como ser humano, de su
valía en la tierra. Nunca jamás. Y nunca hay tanto cuidadito en no
tocar un derecho humano no aquí, sino en ningún lugar del mundo porque
hay una intercomunicación, una interactividad tan global que
inmediatamente saltan las protestas mundiales.

-Como sociólogo ¿cuál diría que es el principal valor de la sociedad extremeña?

-Es difícil de contestar. Su arraigo a la tierra. Su arraigo a
Extremadura. Siendo un pueblo que por las circunstancias ha sido un
pueblo emigrante (como otros muchos de España, cuántos pastores vascos
no fueron a Estados Unidos) la verdad es que los extremeños procuran
regresar y tienen a la tierra muy dentro de su corazón. Un amor a la
tierra impresionante. Y también diría que su resistencia. Si me
preguntas que si necesitaría algo más, creo que es el propio extremeño
el que debe contestarse a sí mismo.

-¿En qué nota la crisis como profesor? ¿En qué la nota como diácono?

-Noto una cierta sensación de temor en los jovencillos ante el
futuro y ante lo que seguramente están percibiendo y oyendo en casa.
Cuando, por ejemplo, hablas en clase sobre agresiones a la vida humana
que se pueden dar en la sociedad: terrorismo, hambre, drogas, guerra…
y se desliza la explicación a lo que es la sociedad y sale el tema del
paro, nunca han estado tan atentos. Les notas en la mirada que hay un
cierto temor. Y estos son jóvenes entre 14 y 15 años que todavía no
tienen muy claro lo que es la sociedad, porque en casa al fin y al cabo
se come, se tiene para salir, pero es algo que están viendo, que están
oyendo y hay un cierto miedo. Como diácono sé -no es que aventure nada-
que en las instituciones eclesiales como Cáritas se ha disparado la
gente que hace peticiones de asistencia y ayuda. No solo gente que ya
vivía al margen, sino personas concretas, que están ahí, al lado, y
nadie sabe que están y no llegan a fin de mes. Y no sé si hay más gente
que acude también a la religión como refugio, que no es lo principal de
la religión, pero que también lo es porque te ayuda a pasar los malos
tragos.

-¿A qué actividad de ocio dedica más tiempo o más dinero?

-A leer. Leo todo lo que cae en mis manos y algo más. Digamos que a leer y a salir con mi mujer y mis amigos.

-¿Qué libro ha sido fundamental?

-Hubo un libro, ‘Oh Jerusalén’, de Dominique Lapierre y Larry
Colins. Por diversas circunstancias y por mi visión del pueblo judío.
Ese libro me impresionó, y sigue estando vigente porque el problema
sigue ahí. De alguna forma refleja el contrasentido de la confrontación
no solo entre judíos y palestinos, sino entre los seres humanos. Es un
poco la metáfora, el símbolo del enfrentamiento que está ya descrito en
el Génesis entre Caín y Abel. Y muchos más, claro, libros de aventuras,
libros religiosos…

-¿A qué le teme José Ignacio Urquijo?

-Al odontólogo. [Risas]. No, todos tenemos muchos temores. El
fundamental es el paso hacia el más allá, pero temer, temer, el futuro
está en nuestras manos. Hay que cogerse los temores, guardarlos y
seguir caminando. Es una consigna vital en mí. A nivel familiar siempre
tienes el temor de qué va a pasar. A nivel vital, qué pasará, la
muerte, ahí está. Llegas a edades donde seres muy queridos, mayores y
jóvenes, se te van yendo… Pero desde mi vivencia de fe, a nivel vital
tengo poco temor; muchos temores pero no hay un temor grande, no lo
tengo.

-¿En qué se van a diferenciar su generación y la de sus hijos?

-Nosotros hemos sido generaciones con un punto de partida anclado en
un territorio y unas ideas muy concretas y nuestros hijos son ya
personas que parten del mundo, no de un territorio concreto sino de un
mundo globalizado. Han conocido a edades muy tempranas muchas culturas
distintas, muchos sitios distintos; están viajando muchísimo con cuatro
perras y eso va a hacer que tengan una mente más predispuesta para el
cambio, para la aceptación de lo diferente. No son ni mejores ni
peores, somos distintos.

Enlace a la entrevista publicada en diario HOY de 12/02/2011: http://www.hoy.es/v/20110212/regional/vete-hablarle-derechos-humanos-20110212.html

Video de la entrevista

http://www.hoy.es/videos/noticias-de-extremadura/caceres/784937656001-zona-paso-jose-ignacio-urquijo.html

Entrevista publicada por el periódico HOY a nuestro compañero Jesús Moreno, sociólogo

«Hay miedo a meterse en política, se piensa que te van a tachar o que vas buscando dinero»

«Seguimos pidiendo la creación de un instituto regional de estudios sociales»

Publicado en HOY el 15.01.11 - 00:17 | JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ | REGIONAL

Junto al hombre de la calle

Le gustan los informativos de la tele, las películas del oeste y la novela histórica. Ha sido durante años directivo de la Asociación de Ciencias Sociales de Extremadura. Por las mañanas reza, lee el Evangelio y prepara sus clases. El resto del tiempo, para Cáritas y su parroquia.
-Cuando estuvo interno en el Seminario ¿qué es lo que peor llevaba?
-Estuve diez años. Y a mí me costaba mucho lo de estar encerrado. Y el seminario era un internado. Bien es verdad que entonces salíamos mucho al campo, teníamos un gran campo de fútbol que era la envidia de todos los centros y en cuanto había un rato de recreo, a jugar a aquellos jardines. Echábamos muchas horas detrás de la pelota.
-¿Qué programas de televisión recuerda de niño?
-En la tele he tenido dos grandes aficiones: el fútbol y las películas del oeste.
-O sea, que se acordará de la serie ‘Bonanza’.
-Exactamente, ‘Bonanza’ y la película que ponían los sábados por la tarde, porque no podíamos ver la televisión tanto como ahora, teníamos un horario para la televisión. Los sábados por la tarde podíamos verla. Así que el fútbol y el cine.
-¿Le hubiera gustado hacer una carrera técnica?
-Bueno, en los estudios he tenido dos partes: los estudios eclesiásticos, los del seminario, y luego Sociología. Los estudios eclesiásticos los acabé pronto, con 21 años, y entonces estaba de obispo don Jesús Domínguez y su idea era que quienes acabábamos pronto y teníamos que esperar unos años para ordenarnos de sacerdote, hiciéramos otra carrera.
-¿No se podía ordenar nada más terminar los estudios?
-Hasta los 24 años no te podías ordenar. Había dos o tres años que normalmente se utilizaban para ampliar estudios. Y yo tenía idea de especializarme en la Biblia, porque siempre me ha interesado mucho el conocimiento de la Biblia. Pero don Jesús tenía la idea de que los más jóvenes hiciéramos alguna carrera civil. Y nos habló de Psicología, Sociología, Periodismo… Recuerdo que él quería que yo estudiara Periodismo y que le dije: «Don Jesús, yo es que escribo muy mal, a mí me cuesta mucho redactar». Y entonces dijo: «Pues mira a ver si Sociología». Y en un verano que estuve trabajando de camarero en Madrid, entonces los estudiantes aprovechábamos para sacar unos dineros, me llevé un libro de sociología y me enteré de qué era eso y al volver en septiembre ya había decidido que era lo que estudiaría. Cursé los estudios en la Pontificia, en León XIII, en Madrid.
-¿Y en los veranos cuando iba a Perales del Puerto ayudaba algo en las tareas de la familia?
-Sí, mi padre era albañil. Ya está jubilado. Y mi hermano el mayor y yo siempre que podíamos le ayudábamos en la obra. La cosa de la
albañilería un poquito sí se me da. El trabajo fino no, pero lo que hacía el peón desde luego. Y en el invierno en la Sierra de Gata ya sabes que está la aceituna y recuerdo que desde niño, desde antes incluso de tener uso de razón, recuerdo haber ido con los mayores a coger la aceituna. Y a otros oficios del campo.
-Pero no iría a los bailes, a las discotecas…
-Bueno, cuando yo era seminarista, en los últimos años, no te decían que no fueras. Había ya un clima de libertad y en tu tiempo libre, en el pueblo, tú hacías lo que querías. Además es que no se me ha dado a mí muy bien bailar. De hecho, si iba con los amigos, me quedaba a lo mejor en la barra tomando una cerveza y ellos bailaban, pero nunca he tenido inconvenientes por hacer vida con los amigos y las amigas.
-¿A qué edad salió por primera vez al extranjero?
-Yo no he salido mucho al extranjero, dicho sea de paso. Era muy pequeño cuando fui a Francia porque mi padre estuvo viviendo en Irún. Mi pueblo e Irún debían de hermanarse porque hay tantos peraliegos en Irún como en Perales. Mucha familia mía está en Irún. Entonces mi padre intentó también irse a trabajar a la construcción a Irún y pasaba a Francia a trabajar. Pero a mi madre y a mí no nos sentaba bien el clima porque éramos asmáticos y la humedad del Cantábrico nos venía a matar… y estuvimos nada más que dos o tres meses. Tendría yo cuatro años y medio y casi no me acuerdo. Tenía ya 19 años cuando fui a Alemania en un intercambio, en el mes de julio de 1978, con un grupo de jóvenes de aquí, chicos y chicas. Los alemanes habían estado aquí el verano anterior. Para mí era un mundo diferente. Todavía estaban las dos Alemanias…
-Hace 15 años pedía que se creara un instituto regional de estudios sociales.
-Y lo seguimos pidiendo.
-¿Cree que esa parcela no está bien atendida?
-No está bien atendida. Nosotros tenemos una asociación de Ciencias Sociales, ACISE, y pensamos que no está bien atendida. Creemos que en Extremadura, y yo participo de esa idea, se generan acciones políticas pero a veces no están bien fundamentadas en estudios sociales. Es una apreciación general. Se hacen estadísticas, hay publicaciones estadísticas, pero muchas veces es un refrito de números, lo mismo del INE, o de la EPA, y se sacan desglosados de Extremadura, pero no aportan gran cosa al conocimiento de los problemas. Nosotros pensamos que para aportar soluciones hay que conocer… hay que hacer un buen diagnóstico y eso en Extremadura creo que no está bien cuidado.
-¿Cree que vamos hacia una religiosidad ‘light’ o sencillamente el laicismo gana posiciones en la sociedad?
-Creo que son las dos cosas. Mucha gente que ordinariamente se declara ‘católico-no practicante’ en muchos aspectos de su vida vive como si Dios no existiera, con lo cual entraría dentro de ese conjunto que llamamos laicismo o de estar apartado de Dios, no tener a Dios en cuenta. Pero después en ciertos momentos de su vida dicen: yo soy católico a la hora de hacer la comunión, de bautizar al niño, de hacer el entierro… y a eso es a lo que llamamos una práctica religiosa sin un compromiso, sin una acción personal. Eso es la religiosidad ‘light’, tomando la comparación con las bebidas ‘light’, que no hagan mucho daño, que no me comprometa, que no me exija, pero que me refresque. En este momento necesito de Dios y echo mano de él. Y no tanto de Dios, sino del ritual que acompaña a eso. Así que yo creo que las dos cosas; va ganando el laicismo pero va ganando también la religiosidad ‘light’, porque en mucha gente van juntas.
-¿La fe ahora es más privada que hace años?
-Hay un sociólogo de la religión, Thomas Luckmann, que hablaba de eso en su obra ‘La religión invisible’, de 1967 y editada en España en 1973. Es una característica histórica que ya se da aquí, la privatización de la religión. La religión es una práctica individual, son creencias individuales e incluso, por fuera, la opinión pública y a veces la Administración procura que sea una afición individual pero que no tenga expresión pública.
Creo que estamos en ese momento.
-Eso choca con la tradición, porque antes era todo lo contrario, se blasonaba de la fe religiosa ¿no?
-En el fondo es una especie de esquizofrenia práctica. Tú eres una persona individual, que tiene una familia, un trabajo, unas relaciones políticas, sociales, entonces, si decimos que la fe abarca toda la persona, no puede quedar una dimensión fuera de eso, salvo que manipulemos la religión para hacerla a mi manera, a mi capricho; entonces en esta circunstancia privada soy creyente y en la circunstancia pública no lo soy. Eso sería una barbaridad y en concreto, lo que son las religiones bíblicas, no solo el cristianismo, sino también el judaísmo, se dan de bruces con ese tipo de religiosidad. Cada uno debe vivir lo que cree y vivirlo intensamente en todas sus facetas. No puedes decir, ahora para contentar entre comillas a Dios le doy una limosna a este que me encuentro en la calle pero después le doy un salario penoso a mi empleado. Eso es una contradicción. Allí soy bueno y en la esfera pública, en la esfera de la empresa, soy injusto. Eso es una contradicción. Y somos así los seres humanos muchas veces.
-Ha sido cura en Aldea Moret.
-Sí, estuve siete años.
-¿Y qué ha aprendido de esa feligresía?
-Pues que hay una gente estupenda. He aprendido que respecto a los colectivos, a los barrios, una cosa es la imagen que se tiene de ellos y otra la realidad. Siempre cuando se generaliza se está mintiendo. Cuando se dice «el minero, el gitano», esos no existen, existen las personas concretas. Hay mucha más bondad y mucho más compromiso en la gente de lo que se cree. Y una conclusión que he sacado siempre es que Aldea Moret es producto de la vida de Cáceres. A Cáceres le viene bien que haya ahí un sitio en donde arrinconemos a los que nos estorban, a los que estaban al lado de la carretera afeando la entrada de los turistas y había que colocarlos en un sitio donde no se vean. Pero hay mucha bondad en esa gente. Hicimos un estudio sociológico de Aldea Moret y una de las cosas que vimos es que muchas veces las políticas que se han llevado a cabo ha sido sin contar con ellos y entonces están llamadas al fracaso. Porque nosotros trasplantamos nuestra idea de bienestar, esa que circula en la mayoría, a todo el mundo. Yo viví en julio de 1996 esa situación, que los diarios sacaban en primera página: «Se acabó el chabolismo en Cáceres. Se han dado las 721 viviendas en Aldea Moret». Eso lo leí estando en el campamento con los niños y cuando vine en agosto empiezo a tomar otra vez el pulso al barrio y veo que los primeros que estaban molestos eran los gitanos que habían recibido las viviendas. Y se quejaban: «Con lo bien que estábamos nosotros en El Carrucho, que teníamos allí para apartar la fruta, para guardar el burro, para tener el gallinero… Podíamos hacer lumbre y sentarnos las cuatro o cinco familias, y aquí no, mire usted dónde nos han metido». Eso lo escuché yo. Y pensaba ¡ con el dinero que se ha gastado aquí! El problema de no analizar la realidad antes… Si nosotros tuviéramos en cuenta la gente a la que dirigimos nuestra acción política y contáramos no solo con el número sino con su mentalidad, sus costumbres y con el modo de vida económico, a lo mejor hacíamos la vivienda de otra manera. Eso lo viví yo allí. Ha habido un gasto enorme, pero no ha estado bien orientado.

Nuestro colega en otro momento de la entrevista

-Hace cuatro años publicó una tribuna de opinión en la que reclamaba el compromiso de los cristianos con la política, a pesar del desprestigio que sufre…

-Pues tiene actualidad ese artículo. Estoy pensando en hacer otro [risas], pero es que casi escribiría lo mismo. Creo que hemos avanzado poco. A los cristianos nos está pasando lo que a todo el mundo, hay un repliegue y no queremos mancharnos las manos donde huela mal. Hay miedo a meterse en política en general. La gente más comprometida o tiene una vocación muy grande o piensa, yo ahí no me meto porque me van a tachar o piensan que voy buscando dinero. Y los cristianos también tenemos miedo de meternos en política.
-Cuando desde Cáritas atiende a la gente que no tiene nada ¿se siente más escéptico respecto a cómo funciona la sociedad?
-Un poco sí. Uno tiene la sensación de que a veces no se organiza bien lo que son las prestaciones sociales, tenemos un sistema de protección social que a veces no se organiza bien, que se gastan muchos recursos pero que no se aprovechan bien. Hay mucha burocratización en todo, falta un contacto directo con las personas. Lo que aquí llamamos el seguimiento, el tutelar a las personas.
-Ahora ya no se dice eso de «vive como un cura».
-[Risas]. No, yo creo que eso ha cambiado bastante. Claro, es que antes en el pueblo el cura, el médico y el boticario era la trilogía básica, los que mejor vivían, aunque a lo mejor no era tanto, pero tenían la fama; como no eran trabajadores manuales ¿no?
-¿Qué coche tiene?
-Un Citroën Xara del año 2000. Ya tiene diez años.
-Como lector, si tuviera que elegir un libro, ¿cual eligiría?
-¿Que no sea la Biblia, ni los periódicos? Porque yo siempre digo que el cura tiene que tener debajo de un brazo la Biblia y en el otro los periódicos. Y preparar la homilía con las dos cosas. Yo leo todos días los dos periódicos regionales. Tengo la manía de recortar y tengo siete carpetas de recortes de periódicos, clasificados por fechas.